Ramón y el ratón Ratón
di Rafael Gerardo Moreno Peña @rafom0610
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RAMÓN Y EL RATON RATON
Sinopsis.
Ramón, el primer día de clases, finge un dolor de estómago para quedarse en casa y seguir disfrutando de los videojuegos y la televisión. Mientras duerme un poco más, escucha unos sonidos que vienen de la cocina, su curiosidad lo lleva a investigar y a encontrar un ratón parlanchín comiendo las galletas de su mamá. Ramón descubrirá que quién trajo al ratón Ratón fue una decisión suya al romper una regla en el universo de los ratones guías. A través del ratón Ratón, Ramón aprenderá una gran lección sobre el tiempo y la responsabilidad, que luego nos relatará a todos con mucho detalle, pero aunque no lleguemos a creer su mágica historia, asegura tener pruebas de todo lo vivido.
Ahora les comenzaré a contar una historia ciertamente real. No muy larga para aburrirlos ni muy corta para obviar detalles. Una historia en la que me vi envuelto, más que el tenedor a mis tallarines o más envuelto que en mi sábana cuando cae la noche y la puerta comienza a chirriar.
Esta historia comienza una mañana en mi casa cuando el despertador comenzó a sonar ¿O fue la voz de mamá levantándome para el desayuno? Lo cierto es que ese día, no hubiera podido ser tan especial, si no hubiera sido el primer día de clases. Entonces mi madre desde la cocina gritó mi nombre: <<Ramón es hora de levantarse>>.
Recuerdo que fingí un dolor de estómago y también otro poco de dolor en la cabeza. No pongan esa cara ¡Sí, lo sé! Podrán decirme que mentir es malo, que lo que hice fue incorrecto, pero creo que alguna vez en su vida ustedes también lo han hecho.
Esa fue la gran excusa, el plan perfecto para persuadir a mamá. No les diré que no quise hacerlo, no me gustó nada que terminarán las vacaciones y desde hace una semana lo tenía planeado: Diría que estoy enfermo, luego mamá iría al mercado y yo tendría tiempo para dormir un poco más, después me levantaría y seguiría viendo la televisión y jugando videojuegos por dos o tres días más, hasta que supuestamente mejore. De tanto recordar me volví a quedar dormido...
Un pequeño ruido comenzó a venir desde la cocina; un alboroto de utensilios y ollas, luego escuché lo que pareciese murmullos y el roer de un animal. ¡Sí! como escucharon, algún tipo de animal. No tengo mascota ¿Quién causaría tal perjuicio? Para serles sincero me dio miedo, saqué fuerzas de algún lado y caminé hacia la cocina. Cuando llegué allá, asomé el rostro muy despacio y recuerdo que tuve que entrecerrar los ojos para poder enfocar mi mirada —sin anteojos todo se ve borroso— y observé a un pequeño ratoncito mordisqueando las galletas de mamá.
— ¡Qué ricas están estas galletas! —dijo el ratón maravillado de aquel exquisito banquete. — ¡Nunca probé una cosa tan rica!
Quiero parar un momento aquí y preguntarles: ¿Qué hubieran hecho ustedes? quizás se hubieran desmayado o hubieran salido corriendo del lugar. ¿Un ratón parlanchín? ¿A quién le gustan los ratones? Hubiera preferido escuchar hablar a un perro o por lo menos a un gato.
— ¿Un gato? ¿Es en serio? —preguntó el ratón.
— ¿Cómo puedes oír mis pensamientos? —contesté extrañado.
—Pues, estás pensando en voz alta —respondió y siguió mordisqueando las galletas de mamá.
El ratón se terminó todas las galletas, y como ya saben, ni me desmayé ni salí corriendo. Esta vez me acerqué, sintiendo algo familiar. Era lo más sorprendente que me había ocurrido, mucho más genial que buscar lombrices en el jardín o armar una nave espacial debajo del comedor.
—Perdón por ser tan grosero y no presentarme, mi nombre es Ratón —dijo el pequeñín.
— ¿Ratón? ¿Te llamas Ratón?
—¡Sí, solo Ratón!
—Yo soy Ramón, mucho gusto —le dije y le estreché mi dedo y él lo apretó con su mano.
Ahora, ¿Qué hago con un ratón? ¿Por qué estaría aquí? Ah, olvidaba que siempre pienso en voz alta, así que tuvo que resolver mi pregunta
—Mmm, Rafael, Ramiro, Ramón, ¡Aquí está tu expediente! —me quedé en silencio mirándolo revisar unos documentos pequeños que había sacado su morral rojo que antes yo no había visto.
—Tú me trajiste aquí por alguna norma que rompiste: ¿Alguna mala palabrota?—preguntó.
—No acostumbro a decir tal cosa —le dije.
— ¿Quizás peleas recurrentes con tus hermanos?
—Soy hijo único
—Mmm, ¿le das las verduras a tu perro en vez de comértelas tú?
—No tengo perro, como todas mis verduras, aunque tapándome la nariz, pero las como.
— ¿Televisión hasta tarde? —siguió diciendo, leyendo —según él— mi expediente.
—No, no, no— contesté, esta vez cansado.
— ¡Aquí está! —dijo — ¡Rompiste la regla N° 50: “¡Mentiras de Tercer grado para no ir a la escuela!”
Es curioso que ahora el ratón Ratón parezca un pequeño guía, como si fuera el encargado de la clase, enviado para darme una lección. ¿Qué podría hacer un ratoncito contra mí? Aun así, decidí jugar a su manera y ver qué pasaba.
—Entonces Ratón ¿Cuál es mi castigo? —Pregunté con ironía.
—Ninguno, solo tienes que jugar conmigo —y tiró los papeles de donde sacaba la información —. ¡Olvidémonos de las reglas!
Ahora quiero contarles todo lo que hicimos ese día, aunque sigo pensando que, si has llegado hasta aquí, probablemente aún no me crees.
Saqué leche del refrigerador y le ofrecí un poco a Ratón, él no quiso, prefirió jugo de naranja <<la leche es para gatos>> dijo. ¿Qué más puedo contarles de aquel día? Ratón se burló de mis anteojos, jugamos a las escondidas, vimos nuestros programas preferidos y entonces nos dio hambre.
Me pareció extraño que mamá no haya llegado del mercado en toda la mañana, fuimos a la cocina y encontramos cereales y yogurt. Para serles sinceros, no extrañé a mamá, ya que me estaba divirtiendo. Las horas siguientes fueron aún más divertidas, porque comenzamos a jugar con los videojuegos. No crean que Ratón no jugaba, por el contrario, si lo hacía y era muy bueno.
Entonces, llegó la noche y papá tampoco había regresado del trabajo, y lo divertido comenzó a ser extraño, y lo extraño se sintió solitario, con el ratón Ratón siempre observándome.
Comencé a mirar todo a mi alrededor y me llamó la atención la apariencia de mi casa, está estaba sucia y vieja, miré mis manos y estaban con arrugas, entonces corrí al espejo y había envejecido. Amigos que leen esto: ¡El ratón Ratón me había engañado! y de alguna manera había caído en un hechizo. Cuando fui a exigir una explicación Ratón me lo contó todo.
—No te has dado cuenta, Ramón —dijo Ratón—, pero la vida pasa muy rápido. Tan rápido, que a veces no notamos a las personas que nos rodean ni las cosas que decimos.
—Si no aprendes, no podrás compartir nada con los demás —continuó—. Hay un tiempo para todo, y te has olvidado de estudiar y de aprender.
Ratón suspiró antes de seguir.
—El tiempo ha pasado, como si estuvieras jugando. Tus padres ya no están, y algunos de tus amigos se han ido también. Cuando llegue tu momento, si no has aprendido nada, no dejarás nada atrás —dijo, con un tono más suave—. Pero si hubieras dedicado un poco de tiempo a aprender, podrías haber dejado un legado, algo especial que siempre vivirá.
Todo el tiempo estuve distraído, y ahora, de repente, era viejo. ¿Saben cómo es verse viejo? Es como cuando pasas horas en la piscina y tus dedos se arrugan. Yo me veía así, aunque no había estado en ninguna piscina, ni recuerdo haberme bañado ese día. Mientras tanto, el tiempo no se detuvo, siguió avanzando hasta que, de repente, solo vi una gran luz. Mis ojos se cerraron, mi corazón se detuvo, y toda existencia, todo recuerdo de mí, se desvaneció.
Ahora seguiré contando una historia ciertamente real. No muy larga para aburrirlos ni muy corta para obviar detalles. Una historia en la que me vi envuelto, más que el tenedor a mis tallarines o más envuelto que en mi sábana cuando cae la noche y la puerta comienza a chirriar.
—¡Ramón es hora de levantarse! —Escuché decir a mi mamá y me desperté.
Ese día fui a la escuela y abracé a mamá muy fuerte, claro que no he dejado de jugar, pero ahora entiendo que todo tiene su tiempo, ¡Ah, es cierto! No volveré a preocupar a mamá con tal mentira.
Aunque en este momento, mientras lees, pienses que todo fue un sueño, te aseguro que fue real. El ratón Ratón vino a darme una lección, y tuve una nueva oportunidad. Todavía conservo mi pequeño expediente de su morral rojito, donde dice: “Aprendió la lección con éxito”.
Así que, si un día dices palabrotas, te peleas constantemente con tus hermanos, o le das tus vegetales a tus mascotas en lugar de comértelos, recuerda que el ratón Ratón vendrá a visitarte, porque habrás roto alguna regla, yo no sé qué número de regla, pero yo rompí la N°50.


2 commenti
Rafael,
Quiero felicitarte por este maravilloso ejercicio. Es un trabajo de excelencia, tanto en contenido como en los aspectos formales. Está excelentemente escrito y tiene todos los elementos de un buen cuento para niños inteligentes. ¡Bravo! Ha sido un placer leer este proyecto final y también contar con tus valiosas aportaciones a lo largo de los foros de este curso. Recibe un abrazo y de nuevo mis felicitaciones.
José U.
Muchas gracias Profesor, para mi ha sido un placer haber estado en su clase y disfrutar de cada avance. Gracias por inspirar, mis mejores deseos para usted. ¡Dios lo bendiga!
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