El estudio
El estudio
di pilarh315 @pilarh315
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Me levanto y me tomo mis pastillas de yodo. Desayuno de la avena que me prepara mi mamá, luego me lavo los dientes y la cara. No quiero ir a trabajar, pero a pesar de este invierno nuclear el supermercado sigue abierto y tengo que ir. Me visto con mi uniforme y el abrigo más pesado que tengo y me voy. De camino me llama mi novio para acordar vernos el jueves que tengo libre. Llevamos 8 años y ambos sabemos que no queremos hijos bajo estas circunstancias.
Llega el jueves y mi novio viene por mí. Vamos a un restaurante de los pocos que quedan abiertos, comemos y vamos a su casa, donde paso la noche. A la mañana siguiente mientras él me llevaba a casa, veo un anuncio en Instagram sobre una prueba clínica de un nuevo anticonceptivo inyectable y que la compensación son $500. Vi el cielo abierto, pues con mi sueldo no puedo costear ninguno excepto por los condones; además, los $500 no caen mal. Le tomo captura de pantalla al anuncio y lo guardo. Al llegar a casa le comento a mi mamá sobre la prueba clínica y ella me dice que eso es peligroso, que no lo haga.
Decido llamar unos días después y me atiende una voz femenina que soñaba amigable, supongo que es la recepcionista . Me hace varias preguntas de ‘screening’ para ver si cualifico para el estudio. Ella decide que sí cualifico y me da la dirección de las facilidades donde se hace la prueba y las instrucciones de cómo llegar. Llamo a mi novio para que me lleve, le doy la dirección y él la pone en su GPS. De camino vemos nubes negras y oímos truenos. Llegamos a un edificio con pedazos de pintura que faltan, exponiendo el concreto. El jardín frontal está árido, con poca hierba. No me gusta este lugar, pero decidimos entrar. En la puerta hay un letrero que dice que solo puede entrar una persona, así que decidimos que mi novio se vaya y luego venga por mí.
Al entrar, voy donde el recepcionista y le digo que estoy allí para el estudio del nuevo anticonceptivo. Con una sonrisa falsa me da un formulario mientras me dice, “Es una pena que quiera participar de esta prueba; usted se vería bonita siendo madre”. Le hago una mueca de disgusto pero no le digo nada. Me siento a llenar mi formulario. En eso empieza a llover fuerte y a tronar. Un rayo cae muy cerca de la clínica y veo el resplandor por una ventana. Cuando termino mi formulario me paro a entregárselo al recepcionista pero ya no está allí. Me quedo esperando. En la sala de espera yo estoy sola; no hay más nadie esperando. Al cabo de unos minutos entra el doctor encargado del estudio, y se parece mucho al recepcionista de hace un rato, pero con bata de laboratorio. Me llama para que lo acompañe a una salita donde hay una camilla. Sin decir nada, me inyecta un somnífero que me duerme casi al instante.
Cuando despierto veo que estoy amarrada a la camilla. El “doctor” viene y me explica que me va a implantar un embrión para que llevara el embarazo. Lleva a cabo el implante y me deja unos días en la camilla, alimentándome intravenosamente con un suero nutritivo especial. Luego de tres días me lleva a un sótano donde veo a otras mujeres en la misma condición que yo, encamadas y con el suero especial. Estamos todas presas allí. Hace mucho frío, incluso más que afuera. Algunas de nosotras vomitamos casi todos los días, pero al supuesto doctor no le importa.
Pasan unos meses y veo a una de las mujeres retorcerse de dolor. Empieza a gruñir y a gritar. Sus gritos retumban en las paredes. El “doctor” va a donde ella y con una inyección le induce el parto. Veo que sale de ella un bebé con la cabeza hundida en la parte superior, las piernas y los brazos retorcidos como ramas de árbol. Llora como un gato al que están maltratando. Después de unos minutos veo a la mujer completamente dormida para siempre, y el bebé deforme ya no llora.
Ya llevo 6 meses en este horrible lugar y nadie ha venido por mí. Siento cada día como crece ese ser dentro de mí que ni siquiera quiero, y quién sabe qué defectos pueda traer.
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