Neus Camps

Neus Camps

producción

Málaga, España

Neus Camps

Cuando tenía 6 o 7 años se emitió por primera vez en España la serie Twin Peaks de David Lynch. Aunque mis padres nunca habían sido grandes televidentes (recuerdo que por aquel entonces aún teníamos un pequeño televisor en blanco y negro) ambos acudían con frecuencia al cine, e incluso cuando viajábamos a Barcelona, un par de veces al año, mi madre me llevaba con ella a ver sesiones dobles o proyecciones de viejas películas a los Cines Maldà. Supongo que ambos habían visto El Hombre Elefante y Blue Velvet, y sintiéndose fascinados por las inquietantes atmósferas y esos personajes vibrantes, decidieron darle una oportunidad a la serie de tan atípico director. Sea como fuere, les recuerdo en el ritual de cenar deprisa y acostarme pronto, para a continuación, una vez solos, encender la tele y apagar las luces. Recuerdo la puerta entreabierta de mi habitación y mi corazón palpitante al escuchar las primeras notas de aquella melodía durante los créditos. Me fascinaba y me aterrorizaba a partes iguales, y sin saber porqué, no podía hacer más que levantarme a hurtadillas y sentarme en el pasillo lo bastante lejos para que mis padres no me vieran, pero lo bastante cerca para vislumbrar las hipnóticas imágenes que se sucedían en el televisor. Nunca había visto nada parecido y obviamente no entendía nada, pero me daba absolutamente igual. Aquello me atrapaba y no podía ignorarlo de ninguna forma. Así, y hasta que tuve unos 9 años, los astilleros y los enanos bailarines fueron sueños recurrentes de mi infancia.

A medida que me iba haciendo mayor, y aún bajo la influencia de mis padres, fui descubriendo otros placeres que me acompañarían el resto de mi vida. La música, la fotografía, la pintura, la literatura, la arquitectura, el diseño e incluso la gastronomía, formaban parte de mi vida diaria y de mi entorno, y aunque muchas veces no comulgaba con las opiniones de la gente que me rodeaba, poco a poco entendí que a eso se le llamaba Criterio Propio, y que no debía temerlo sino aprender a construirlo. Así, parece evidente que mi futuro pasaba por dedicarme a algo creativo, y ante la variedad de opciones que se me presentaron, elegí el diseño.

Con 18 años me trasladé de Menorca a Barcelona y empecé a estudiar en la Escuela Superior de Diseño. Todo parecía encaminado. Mi Criterio Propio cada vez estaba más formado, y esta vez de mano de mis amigos, asistíamos insaciables a exposiciones, conciertos y coloquios de las más variadas temáticas. Íbamos a ciclos de cine imposibles, llegando a ver tres películas seguidas de Pasolini, algo que sólo puede hacerse cuando tienes 20 años y ansias inconmensurables de intelectualidad. Las salas de conciertos se convirtieron en mi segunda casa. Los festivales de música eran fechas señaladas en mi calendario. La ciudad no se me acababa nunca. Pero mi talento para el diseño… ese era otro tema. Tenía los conocimientos necesarios, se me daba bien cualquier asignatura teórica relacionada con el arte, con la sociología y derivados, pero a la hora de explotar mi creatividad, sencillamente era pésima, poco original, prescindible. No era una buena diseñadora, y por más que me esforzara, nunca llegaría a serlo.

Tras muchas lágrimas y una gran crisis personal acepté los hechos tal y como eran. Era el momento de cambiar de rumbo, de reflexionar, de tomar decisiones. Entrevisté a todos mis amigos para tener una visión externa de mi misma. Elaboré una lista (literalmente) de mis fortalezas y mis debilidades. Qué se me daba bien y qué no. Qué me resultaba estimulante y qué me aburría soberanamente. Qué clase de vida quería llevar y qué estaba dispuesta a sacrificar para conseguirlo. Y sobre todo y ante todo, dónde, en qué medio, quería trabajar. Y mi corazón se dividió entre mis dos grandes pasiones, la música y el cine. Y ante la perspectiva de tener que elegir y el miedo a volver a equivocarme, decidí que lo quería todo. Así, con mi lista en la mano y descartando cualquier ámbito creativo, la evidencia se mostró ante mis ojos y de repente lo vi claro: no podía “imaginar” Twin Peaks, pero sí conseguir las herramientas necesarias para hacerlo posible. Nunca tendría un grupo de música, pero podía organizar conciertos para que otros tocaran allí. En definitiva, no era una persona creativa, pero podía ayudar a las que sí lo eran a conseguir sus metas. Y empecé a estudiar producción.

Ya había perdido suficiente tiempo intentando determinar qué hacer con mi vida, así que me puse manos a la obra y me busqué unas prácticas el primer año. El objetivo estaba claro: ScannerFM era la nueva radio online de referencia en la ciudad. El equipo era joven, dinámico, con ideas renovadoras y refrescantes sobre cómo debía ser la radio en la actualidad, y ¡acababan de ganar un Ondas!. Tras un par de entrevistas conseguí formar parte de aquel micro-mundo y pasé más de tres años colaborando con ellos. Conocí a muchísima gente interesante y tuve la oportunidad de vivir experiencias increíbles. Y lo mejor de todo: corroboré que la producción se me daba bien. Muy bien. ¡Por fin algo a lo que dedicar mis esfuerzos!

Y así empecé a abrirme camino en lo que hoy es mi profesión. He trabajado en radio, videoclips, publicidad, eventos y cine. No he parado de aprender y de evolucionar en cada una de la oportunidades que me han dado, y cada nuevo proyecto ha constituido un reto profesional y personal que he afrontado con ilusión y agradecimiento por poder hacer lo que más me gusta en la vida. He aprendido a trabajar en equipo y lo satisfactorio que esto resulta, y también a desenvolverme por mí misma ante las situaciones adversas y estresantes que conlleva mi trabajo. He aprendido a dar lo mejor de mi y a aceptar que cualquier experiencia, buena o mala, forma parte de este aprendizaje sin fin. Pero por encima de todo, me he enamorado de la energía y la ilusión que se desprende en cada nuevo proyecto, de la complicidad entre todos los que forman parte de él y de la sensación que produce el poder cumplir tus sueños. No sé lo que me deparará el futuro, pero tengo claro que ante todo, éste pasa por seguir aprendiendo y mejorando y pienso aprovechar cada nueva oportunidad que se me presente al máximo para conseguirlo.

Creo que me enamoré del cine y de la música cuando tenía 6 años y veía Twin Peaks a hurtadillas desde el pasillo de casa de mis padres. Aunque en aquel momento no entendía nada, con los años todo ha cobrado sentido.

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S-a iulie 2013