Repostería: de placer gastronómico a lenguaje visual y arte efímero La repostería siempre ha sido asociada al sabor, a la técnica y a la celebración. Sin embargo, en los últimos años ha ido mucho más allá del placer gastronómico para convertirse también en un lenguaje visual y creativo. Antes incluso de probar un pastel, lo observamos: su forma, su color, su composición y los detalles que lo hacen único. Al igual que ocurre con la pintura, la escultura o el diseño, la repostería conecta directamente con la creatividad. Crear un postre implica tomar decisiones estéticas, contar una historia y transmitir una emoción. Por eso, cada vez más personas entienden la cocina dulce como una forma de arte efímero, donde la obra se disfruta con los sentidos y desaparece, dejando solo el recuerdo. En este artículo exploramos cómo la repostería puede convertirse en una auténtica forma de expresión artística, combinando técnica, emoción y mirada creativa. Del horno a la galería: la repostería como medio artístico ¿Qué convierte una tarta en una obra de arte? No es solo la complejidad técnica, sino la intención creativa que hay detrás. Cuando un pastel deja de ser únicamente funcional y pasa a comunicar una idea, una emoción o una identidad, entra en el terreno artístico. Muchos reposteros se inspiran directamente en el arte clásico y contemporáneo: desde el uso de simetrías y proporciones hasta referencias al minimalismo, la arquitectura o el arte abstracto. El resultado son piezas que podrían exponerse en una galería tanto como servirse en una mesa. Ejemplos claros de esta fusión entre arte y repostería son creadoras como Dinara Kasko, conocida por sus pasteles geométricos inspirados en arquitectura y diseño 3D, o Tortik Annushka, cuyo trabajo convierte cada tarta en una composición delicada, poética y visualmente impactante. En ambos casos, el postre es un soporte creativo tan válido como un lienzo o una escultura.
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Barcelona, España