Doce
by Víctor Hugo Gómez Bonilla @wiicars
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Introducción
Siguiendo cada uno de los pasos de la profesora, logré construir un primer acercamiento a lo que será mi novela de thriller psicológico, tengo más en claro el rumbo que tomará la historia. La trama general de mi novela se desarrolla en una casona, en la que doce individuos, fueron llevados allí en contra de su voluntad, en la que deberán encontrar a ese personaje que los ha llevado hasta allí antes de que pasen doce horas, puesto que durante cada hora que pase, asesinará a uno de ellos.
El personaje principal de mi obra se llama Vanessa, y ella comparte algo con el resto de los retenidos en esa casona: su muerte sería insignificante, no tiene a nadie afuera que se preocupe por ella. Los doce personajes que manejaré serán personas retraídas, con una vida miserable, tal vez deprimidas, que hayan cometido errores de los que nunca lograron reponerse, serán seres solitarios, esa clase de gente que en un lapso corto de tiempo olvidas.

Materiales
*Una computadora que tuviera un procesador de textos, en mi caso fue Microsoft Word.
*Una libreta.
*Una pluma negra, una roja y una azul.
* Una impresora
*Hojas de papel bond.
*Marcatextos de diversos colores, mínimo cuatro.
*Engrapadora.
*Memoria USB.
*Música para escribir.
La inspiración y la idea
Recuerdo cuando creía que la escritura solo se trataba de sentarse frente a la computadora a escribir, ahora sé que no solo se trata de eso, que el proceso de escribir una historia es más complejo de lo que uno pensaría, pero cuando obtienes el resultado final, es maravilloso ver el fruto de tanto esfuerzo. Muchas veces la inspiración para una historia surge lejos de la computadora, cuando uno está en su día a día o cuando te encuentras haciendo algo distinto a estar escribiendo, las ideas parecen arremolinarse en la mente, y uno debe estar listo para captarlas.
Fue durante una clase de Diseño de proyectos culturales cuando la idea para esta novela fue surgiendo, ahorita no recuerdo que tema estábamos viendo, pero si tengo bien presente que la imagen de la casona surgió ante mí, luego coloque dentro de ella a un grupo de personas y me pregunté: ¿Qué es lo que hacen allí? Desde ese instante comencé a estructurar la historia, anotaba las ideas que me vinieran a la mente y ya luego vería cuales conservaba y cuales desechaba. Así, poco a poco, fui construyendo parte de la historia.
Luego, con el apoyo del curso, fui dándome cuenta de que elementos ya tenía claros y cuáles no, haciendo que me hiciera muchas preguntas sobre mi historia. Convirtiendo una idea que empezó en una clase, en una historia de thriller de psicológico.

Los entregables del curso
Siempre escuchar a otros escritores hablar de su formación, de sus procesos, de lo que les inspira, los retos que atravesaron, es, al menos para mí, algo realmente esclarecedor. Durante todo el curso me sentí emocionado, y al llegar al momento de hacer las asignaciones, me encontré con que algunos me parecieron más sencillos que otros, principalmente en el aspecto de compartir, a veces me es difícil hacerlo, pero la realidad es que es un proceso necesario. La asignación más compleja fue la de "La sinopsis de 25 palabras", porque estoy acostumbrado a usar más palabras, pero fue una de las más reveladoras porque con ello encontré el centro de mi historia, su corazón.

Un primer acercamiento
El proceso de escritura está lleno de incertidumbres, a veces te preguntas si la historia que estás escribiendo es la adecuada, al menos así me pasa, y esto puede suceder no solo a principio, sino al haber escrito más de la mitad de tu obra, pero hay inseguridades que uno debe enfrentar. En éste caso en particular, me sucedió al principio, dude demasiado sobre si debería empezar a escribir ésta historia o no, al final decidí darme la oportunidad de hacerlo. He aquí el prólogo de mi historia:
No es la primera vez que, al reaccionar, cuando su cuerpo tembló a causa de la brisa, se encontraba cerca de aquel puente. Las estrellas se pueden ver con toda claridad, la luna está adornada con nubes y las luces de la ciudad están en el otro extremo, ajenas a lo que sucede a su alrededor. Vanessa es la única que parece estar ahí, hasta los sonidos de los automóviles han quedado ensordecidos.
Todavía no desea volver a casa, no teme verse envuelta en la oscuridad, en realidad, así lo prefiere. «Así es mi vida», piensa mientras coloca su mano en el barandal y camina, sus dedos se arrastran por la fría y lisa superficie, dejando una vez más que sus pies le guíen. Se detiene, no sabe si está en la mitad del puente, casi al final o más cercana al inicio. Contempla los pequeños reflejos en el agua que han logrado colarse de entre las nubes, haciendo que el río se vea como un extenso manto negro.
«Ojalá me hubieran ignorado como casi siempre lo hacen, aunque últimamente parece que solo me buscan para culparme de cualquier cosa», comienza a pensar Vanessa en algún momento en que su mente se ha distanciado del ahora, «no les importa si estuve o no en casa, solo importo si les soy útil o no, mientras no sea necesaria, puedo estar perdida y no tendría relevancia, pero si desaparezco y por alguna extraña razón me necesitaran, y no estoy, entonces hay un problema». Recarga ambas manos en el barandal y mira hacia abajo, en el que ninguna figura es distinguible, donde uno podría creer que no hay nada, pero en realidad hay más de lo que uno se imagina. «No entiendo porque termino regresando, bien podría irme en éste instante, tal vez así todas seriamos felices, no necesito nada de esa casa…», pero una imagen surge de entre la oscuridad, es un rostro, uno alargado y sonriente, de cabello pajizo y con ligeros rastros blancos, el cual detrás de sus gafas cuadradas unos ojos, avellanados como los de ella, le contemplan con ternura. «Tú… no tienes idea de cuánto te extraño», varias gotas resbalan por sus mejillas hasta caer libres por su barbilla, como si conocieran su destino, iluminadas, por un breve momento, por la luna.
Una noche como ésta, semanas atrás, cuando de nuevo pensó en aquellos años, cuando él seguía con ellas, no se había dado cuenta de lo que él significaba, de todo lo que se llevó, de cuánto perdió. Vanessa nunca se había imaginado la clase de pilar que era para todas, la clase de dolor que él podía dejar, que después de ello sonreír se volvería un acto de lo más inusitado.
“Vane, quédate con ella, tu madre te va a necesitar”, resuena en sus oídos una voz débil, áspera, que nada tiene que ver con la de él, Vanessa la recuerda bien, así como recuerda esas palabras, que sonaron con tal claridad que creyó que estaba a lado suyo, miró hacia ambos lados y, al volver la vista aquel rostro se había ido.
—¿Y crees que yo no necesito de ella? —respondió donde antes estaba el rostro, esperando alguna contestación a sabiendas de que no la obtendría. Apretó con fuerza el barandal, sus nudillos se pusieron blancos y dejó escapar un sollozo.
El viento había arreciado, agitando su oscuro cabello, pero se mantiene allí, aún tiene la esperanza de que el rostro regrese, mas conforme pasaron los minutos, al soltar el barandal, con las manos temblorosas, se abrazó a sí misma, frotándose los brazos; esa fue señal que le hizo ver que era tiempo de irse, su cuerpo comenzaba a estremecerse y el aire que respiraba era cada vez más frío. Regresando sobre sus pasos, Vanessa no dejaba de escuchar esas palabras, anhelando llegar a su habitación para tomar esa fotografía que siempre le recuerda la razón por la que no se ha ido, por la que siempre vuelve a pesar de que eso signifique sacrificar su felicidad, su tranquilidad, para luego recostarse en la cama y preguntarse si todavía vale la pena cumplirla.
Cerca de salir del puente, limpiándose los últimos rastros de lágrimas de la cara con el dorso de la mano, porque nunca se permitiría mostrarse así en casa, no se dio cuenta de lo que se movía en la oscuridad. Aquello se movía con la gracilidad y el sigilo de un gato, Vanessa no se percató de lo que sucedía hasta que sintió un pinchazo en el cuello. Se dio la vuelta agitando un brazo, frente a ella una figura oscura le miraba a pesar de que no podía distinguir su rostro, Vanessa intentó correr, pero al dar el primer paso perdió el equilibrio, intentaba gritar, le exigía a su boca que emitiera sonido alguno conforme todo se volvía difuso, granulado, como cuando esos televisores antiguos no captaban bien la señal. Haciendo uso de sus últimas fuerzas se dio la vuelta, el cielo estrellado era un manchón en el que las estrellas, que ahora son unos puntos blancos enormes que iban de un lado a otro, provocándole una sensación de mareo, Vanessa tuvo que cerrar los ojos para evitar vomitar, y a los pocos minutos ya no sentía nada.

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