Sexy lips
ile Jose Lopez @kamuk23
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Introducción
Es un relato corto de ficción, pero levemente basado en un evento real. Es un momento gracioso que busca alivianar un corazón roto.
Pasó un momento chistoso, había mucho más pasando por mi cabeza y simplemente me hizo olvidar. Solo reímos. Ahora quiero compartir ese sentimiento de dejar ir la preocupación y el dolor y darle un espacio a la risa. Un tipo de catarsis que rompa el silencio y la tristeza.

Materiales
Editor de texto Atom, ghostwriter, iawriter de iOs, libreoffice writer. Mi favorito es ghostwriter, pero el que más uso es iawriter porque está en el telefono y paso mucho afuera. El último es libreoffice para saber que cumpla con el tamaño requerido y arreglar cualquier falta ortgráfica que quedara de lado.

Idea general
Está basada en un montón de fragmentos vividos, editados por el espacio del cuento. Intentaré mantener una claridad sobre cada una de las memerorias que forman este collage.
La idea general de la historia:
Es Navidad. Unos amigos andan con el corazón roto, se van a a dar una vuelta en el carro, a buscar algo que hacer. Ambos desconsolados, amantes del sentimiento de dolor y tristesa, siguen solo dando vueltas en el auto. No hablan, se conocen hace mucho, cada uno entiende al otro sin tener que pronunciar la mínima palabra. No se ven, saben que si se vuelven a ver sentirían la necesidad de hablar, si hablacen llorarían y si lloran no podrían seguir dando vueltas en el auto. No podemos matar este momento aún, tenemos que ver hasta adonde llegamos, se pensaron cada uno para sus adentros. Suena la alarma del gas bajo, próxima parada la gasolinera, pero nada de hablar, nada de volver a vernos, nada de llorar. En la gasolinera hay mucha fila pero es de 24 horas. Al frente de la gasolinera hay un restaurante de comida japonesa. Deciden ir para no tener que esperar en el carro, los dos con los dedos cruzados de que haya una barra para comer, nada de sentarnos uno frente al otro, vernos, hablar, nos va a destruir. Cada uno llorando por cada una de ellas. No es la forma de pasar Navidad. Los mismo en el carro, mucho tiempo ahí, un silencio largo... hablaríamos. Entran al lugar, no hay barra, pero una mesa da a un patio. No es tan raro si nos sentamos uno al lado del otro, ambos queremos ver el patio y en el patio hay un gato que está caminando y saltando de acá para allá, mejor aún. La distracción perfecta. La cocina está al lado del patio y hay una ventana donde se puede ver un poco a los cocineros trabajar y por donde pasan los platos. Otra distracción, si hablamos pueden ser puras vanalidades. Les entregan los utencilios, agua, vasos y el menú. Uno saca de inmediato los palillos y se pone a jugar con ellos. Tiene mucha ansiedad y tristeza, son la descarga perfecta. Sin darse cuenta se sujeta los labios entre los labios. Una cocinera lo ve y se rie. El no se percata, seguido los demás se asoman y luego se rien bastante, pero como intentando callarse. Los amigos los escuchan y se sienten aliviados de que aún existe la alegría en el mundo, se relajan y alivianan un poco y uno señala al gato que está intentando cazar una lagratija. Los dos se quedan viendo fiajmente la acción de los dos animales, sienten que están haciendo un documental a pesar de la absoluta ausencia de equipo de grabación audiovisual. De repente llega la mesera y le dice "que vas a queres labios sexys", ambos quedan sorprendidos, pero ninguno responde de inmediato porque no quieren perderse al acción del gato, está cerca de atraparla. Ambos habían tenido gato, pero nunca lo vieron cazar en vivo, solo las presas que llegaron muestras a sus puertas. La chica se queda viendo al gato junto a ellos. Y luego la lagartija escapa. Piden la orden. Otra distracción, piensa el otro. Le pregunta a su amigo, ella nos dijo labios sexys? el amigo lo vuelve a ver aún con sus labios sujetados entre los palillos de dientes y ambos se rien sin parar. Por un segundo el dolor en sus corazones se detuvo, dejó de existir, desapareció por completo. Terminaron su comida en paz, en silencio pero sin miedo a hablar de su dolor. Luego cruzaron a la gasolinera para llenar el tanque y justo parqueando en el espacio de carga de gasolina, se volvieron a ver. Esa tristeza no se iba a esconder con un ramen, con un gato persiguiendo lagartijas, con risas ajenas, con bromas de palillos chinos o con ser llamados "labios sexys" por la camarera. Mientras cargaron el gas, pudieron hablar, casi llorar. Luego a manejar de nuevo, solo manejar, adonde sea, es mejor no pensar, aunque sea solo hasta que se acabe este día de Navidad.

Un paso a paso - de la realidad a la autoficción
. "Es Navidad."
1. Usualmente una fecha solitaria en mi niñez y adolescencia, no por falta de compañía, una soledad por no tener un "igual".
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2. "Unos amigos andan con el corazón roto, se van a a dar una vuelta en el carro, a buscar algo que hacer. Ambos desconsolados, amantes del sentimiento de dolor y tristeza, siguen solo dando vueltas en el auto. No hablan, se conocen hace mucho, cada uno entiende al otro sin tener que pronunciar la mínima palabra. No se ven, saben que si se vuelven a ver sentirían la necesidad de hablar, si hablasen llorarían y si lloran no podrían seguir dando vueltas en el auto. No podemos matar este momento aún, tenemos que ver hasta adonde llegamos, se pensaron cada uno para sus adentros. Suena la alarma del gas bajo, próxima parada la gasolinera, pero nada de hablar, nada de volver a vernos, nada de llorar."
Viajes en carro con amigos, en la realidad si hablamos, es lo sano, pero a veces cuesta y el estar ese rato ahí, en el rato que cuesta creo que es lo que separa a los amigos de las demás personas.
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3. " En la gasolinera hay mucha fila pero es de 24 horas. Al frente de la gasolinera hay un restaurante de comida japonesa. Deciden ir para no tener que esperar en el carro, los dos con los dedos cruzados de que haya una barra para comer, nada de sentarnos uno frente al otro, vernos, hablar, nos va a destruir. Cada uno llorando por cada una de ellas. No es la forma de pasar Navidad. Los mismo en el carro, mucho tiempo ahí, un silencio largo... hablaríamos. Entran al lugar, no hay barra, pero una mesa da a un patio. No es tan raro si nos sentamos uno al lado del otro, ambos queremos ver el patio y en el patio hay un gato que está caminando y saltando de acá para allá, mejor aún. La distracción perfecta."
Día de hablar con un amigo sobre mi ruptura. Pasamos a la gasolinera y tardaron en atenderme mucho tiempo. No estaba listo para hablar mucho aún y estar detenidos no ayudó, hay algo en el rodar que abre la puerta de la mente a la lengua.
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4. "La cocina está al lado del patio y hay una ventana donde se puede ver un poco a los cocineros trabajar y por donde pasan los platos. Otra distracción, si hablamos pueden ser puras banalidades."
En un restaurante de ramen con amigos
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5. "Les entregan los utensilios, agua, vasos y el menú. Uno saca de inmediato los palillos y se pone a jugar con ellos. Tiene mucha ansiedad y tristeza, son la descarga perfecta."
mi amigo se pone los palillos en la boca como sujetándose los labios
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6. "Sin darse cuenta se sujeta los labios entre los labios. Una cocinera lo ve y se ríe. El no se percata, seguido los demás se asoman y luego se rien bastante, pero como intentando callarse."
justo en ese momento el mesero se asoma y pregunta algo, lo ve con ese gesto. No nos percatamos pero el nos cuenta
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7. "Los amigos los escuchan y se sienten aliviados de que aún existe la alegría en el mundo, se relajan y alivianan un poco y..."
no reímos mucho pensando en que se pensaría el mesero
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8. "uno señala al gato que está intentando cazar una lagartija. Los dos se quedan viendo fijamente la acción de los dos animales, sienten que están haciendo un documental a pesar de la absoluta ausencia de equipo de grabación audiovisual. De repente llega la mesera y le dice "que vas a querer labios sexys", ambos quedan sorprendidos, pero ninguno responde de inmediato porque no quieren perderse al acción del gato, está cerca de atraparla. Ambos habían tenido gato, pero nunca lo vieron cazar en vivo, solo las presas que llegaron muestras a sus puertas. La chica se queda viendo al gato junto a ellos. Y luego la lagartija escapa. Piden la orden. Otra distracción, piensa el otro. Le pregunta a su amigo, ella nos dijo labios sexys? el amigo lo vuelve a ver aún con sus labios sujetados entre los palillos de dientes y ambos se ríen sin parar. Por un segundo el dolor en sus corazones se detuvo, dejó de existir, desapareció por completo. Terminaron su comida en paz, en silencio pero sin miedo a hablar de su dolor."
un gato en el patio del restaurante anda saltando por todo lado y nos quedamos viéndolo, anda persiguiendo algo pero nunca vimos que era
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9. "Luego cruzaron a la gasolinera para llenar el tanque y justo parqueando en el espacio de carga de gasolina, se volvieron a ver. Esa tristeza no se iba a esconder con un ramen, con un gato persiguiendo lagartijas, con risas ajenas, con bromas de palillos chinos o con ser llamados "labios sexys" por la camarera. Mientras cargaron el gas, pudieron hablar, casi llorar. Luego a manejar de nuevo, solo manejar, adonde sea, es mejor no pensar, aunque sea solo hasta que se acabe este día de Navidad."
momento inesperado de catarsis. un día de estos fue escuchar una canción en el carro. tuve que pedirle a mi amigo que la pasara. luego pude hablar mucho más de la ruptura y curar un poco, creo
Info acerca del relato
Narrador: tercera persona equisciente
Tono: íntimo/informal/emotivo
Cuerpo
- Introducción: ambientación, amistad, plan, depictación de una tristeza
- Desarrollo: conversación, o la ausencia de la misma
- Conflicto: rupturas. estrés que lleva a hablar
- Desenlace: conversación necesaria. no pasa nada, pero hablar aliviana el corazon
Cerrado/abierto: abierto
Ventana: mejoras internas necesarias? relación de amor entre uno de ellos con su mujer (ex-novia)
Líneas narrativas
- Eje principal: amistad que se busca para conversar
- Subtema 1: relaciones de amor perdidas
- Subtema 2: relación de principal con los padres
- Subtema 3: gato y lagartija
Proyecto final
Las luces de todas las casas estaban encendidas, esta no era una excepción. Un encendedor automático no venía al caso, la emoción de encender esas luces a mano, sin botón, desenchufar y enchufar de nuevo el cable, que conectaba al otro cable que a su vez llevaba al cable de las luces, en el interruptor detrás del sillón, le ganaba a la practicidad. Una señora debilitada por la costumbre y por la falta de que hacer de años, le pide ayuda a su esposo y su hijo que pasó de visita unos días. Ella les rogaba por todo, nunca supieron hacer nada diferente; ella rogaba, ellos se hacían los rogados, y al último minuto le rogaban a ella que los dejara ayudarla.
Suena una bocina, no era la pizza que ordenó la pareja de señores que ya se van volviendo demasiado mayores. Era un amigo del hijo que no terminaba aún de reacomodar el sillón después de encender las luces. De repente quejas sobre el tiempo que ha demorado la pizza y quejas sobre la queja, seguidos de un “hasta luego”, una queja por irse, una invitación a comer pizza “navideña”, un silencio, otra queja por irse, otra por no querer pizza, y un dolor de cabeza que se empieza a formar por haber escuchado la palabra “pizza” tantas veces en un abrir y cerrar de la puerta principal.
Fran y Ale andan con el corazón roto, hace nada terminó una relación, malas actitudes, descomunicación, la lectura de libros diferentes, los requisitos de silencio y espacio para leerlos, la imposibilidad de discutirlos durante la cena, mucha música por un lado, muy poca por la otra, ruidos y dietas diferentes. Hace menos nada, se terminó otra. Amor desmedido mal ubicado, sin saberlo dar, dándolo todo, pero pidiéndolo todo de vuelta, pensándose entregado escondiéndose egoísta y desbordándose en palabras que no fueron a ningún lado. Los dos devastados como un país por el que pasa la guerra. Salieron a a dar una vuelta en el carro, a buscar algo que hacer. No hacer nada solo dar una vuelta en el carro, no había nada que hacer y no era posible querer hacer nada, no había voluntad, no había mujer y era reciente la ausencia, así que no era solo que no estaba, sino que el vacío que dejó era aún más presente que la soledad misma. No hablan, no se veían, sabían que si lo hacían sentirían la necesidad de hablar, si hablaban llorarían y si lloraban no podrían seguir dando vueltas en el auto.
Suena la alarma del gas bajo entre el estribillo de la canción. La próxima parada es la gasolinera, pero nada de hablar, nada de volver a vernos, nada de llorar. En la gasolinera hay mucha fila, pero es de 24 horas. Al frente de la gasolinera hay un restaurante de comida japonesa abierto. Deciden ir para no tener que esperar en el carro, los dos con los dedos cruzados de que hubiese una barra para no tener que sentarse de frente. Fran no pensó nada, no tenía hambre, tampoco no tenía hambre, estaba en el nada, en el no sé, en el no sé cómo maneje hasta acá, en ese momento pensó que era arriesgado manejar así, pensó en pedirle a su amigo que manejara él en cambio, pero el mínimo intento de hablar desbocaba el sentimiento de decir mucho y esos días, el habla estaba conectada al llanto sin importar el tema de conversación, así que no dijo nada solo siguió al volante.
Entraron al restaurante, no había barra, pero una mesa daba al patio. En el patio había un gato blanco con una mancha café en el pecho que se separaba, pero continuaba seguido en la cara y cubría entero un ojo haciendo dudar desde lejos si lo tenia o lo había perdido. El gato era gordito, pero ágil, muy peludo, tenía el aire de gato casero que solo pasa durmiendo, pero este era atrevido y activo. Fue perfecto, una distracción, un respiro, un gato caminando y saltando de acá para allá.
Les entregaron los utensilios, agua, vasos y el menú. Ale sacó de inmediato los palillos, los revisó. No siempre le gusto el sushi, en algún punto recordó haber dicho que no le gustaba que era asqueroso, pero a ella le gustaba y le enseñó a quererlo. A Fran le daba igual, y no le daba pena aceptar que no sabía usarlos, pedía tenedor y cuchara, sushi con cuchara, “por eso ya no lo pido” pensaba, prefiero algo que pueda comer con un utensilio “normal”.
Ale se distrajo por el gato, feliz con el gato, se pone a jugar también, agarra los palillos y entre la emoción nueva de ver que era la presa diminuta del gato y el hambre, se prensaba la boca con los palillos como si fuera un sashimi.
Llegó la camarera, una chica de aire tranquilo, linda y cansada. Fran pensó que aún existía la paz en las personas. Hace días no se sentía tranquilo, pero al menos ella le recordó que existía la tranquilidad y así pensó que tal vez un día le volvía, pensó que no recordaba cuando fue la ultima vez que estuvo tranquilo. Ale aún con los labios de sashimi entre los palillos le dijo que estaban listos para ordenar. Eran frases cortas, pero la sentía largas. El gato se quedó en posición de ataque por un momento y él apretó más sus labios entre los palillos, por la tensión de ver la presa, pero de inmediato el gato volvió a su postura normal. Todos estaban viendo al gato. Ella se rió. Se contenía la risa, pero se notaba que se estaba riendo. Ale pensaba que era por el gato y se rió también, aún con la boca entre los palillos de dientes.
- Dos combos tres por favor – pronunció Fran lo más rápido que pudo
- Dos ramen de pollo, ¿algo más?
- Si muchas gracias – Fran de nuevo a toda velocidad, apenas audible
- Gracias – dijo también Ale, apenas dicho pero por su incansable necesidad de tener sus labios sujetados entre los palillos chinos
- Con gusto, sexy lips
Dijo eso y se fue rápido, ya sin poderse aguantar mucho la risa. Entró a la cocina y aunque un poco callado por las puertas y el ruido de los cocineros, se escucharon unas carcajadas, de esas risas histéricas, pero que contagian, una risa descontrolada, pero bella y que en lugar de bajar el ánimo de Ale o Fran – en caso que pensarán que era de ellos que se burlaba - los animó con cierta serenidad con cierto tacto femenino y no recordó el vacío de la antigua, recién antigua amada, se sentó sobre ese vacío y lo llenó un poquito.
¿Dijo sexy lips? - dijo Ale como si pensara que se había imaginado la frase. Fran lo volvió a ver, Ale aún con sus labios sujetados entre los palillos de dientes. Ambos se rieron, casi queriendo imitar la risa histérica y dulce de la chica, pero a muy bajo volumen. Los sorprendió quererse reír, no tanto el reírse, pero el quererse reír. De repente, ¡plaff!, el gato agarró una lagartija. Fue un movimiento ágil, digno de un felino mortal, pero por ser tan regordete fue más bien tierno y gracioso. De nuevo les llenó el deseo de reírse.
Comieron, pagaron y salieron. El miedo de hablar, de cambiar de escena, de no tener al gato bufón, de no tener la risa de la mesera bonita, de no tener la comida, ni la música alegre de fondo traía un cuchillo en la bolsa del sweater y los estaba amenazando muy personalmente. La pesadez inundó sus mentes y sus ojos, subirse al carro, olores viejos tal vez de ellas, con música no tan alegre, con el peso de las soledades, con los recuerdos, con la claridad de que la noche aún no terminaba y que el duelo seguía. Todo eso, acumulado en un abrir la puerta casi insoportable, en un girar de la llave casi imposible e inmediatamente termina el instante de la ignición "I'm just an insect trying to get out of the night" apareció en el aire del carro hablando por ellos mismos.
Cruzaron a la gasolinera para llenar el tanque y justo parqueando en el espacio de carga de gasolina, se volvieron a ver. Esa tristeza no se iba a esconder con un ramen, con un gato persiguiendo lagartijas, con risas ajenas, con bromas de palillos chinos o con ser llamados "labios sexys". Mientras cargaron el gas, pudieron hablar, casi llorar o ¿lloraron? nunca lo quisieron admitir. Luego a manejar de nuevo, solo manejar, adonde sea, es mejor no pensar, aunque sea solo hasta que se termine el día y se apaguen las luces.
Un "in the morning at the top of the stairs" les recordó suavemente, que por más mal que fuera todo, por más pesada que fuera esa soledad, por más vacías que estuvieran sus agendas y por más silenciosos que estuvieran sus teléfonos, solo era vida lo que tenían y tenían todo, podían sentir, y eso era lo que importaba, en esa resolución mental llegó un mensaje de texto, un brinco, una agitación contenida, un ¿será ella? Apenas leído un "Ale van a venir? aquí quedó pizza" y una lágrima se deslizó por la mejilla y se coló entre la barba, el silencio era una manta inmensa que cubría toda la noche y el tanque lleno rodaba hacía la inmensidad de todas la carreteras mientras Fran meditaba que, son una sola, al mismo tiempo que intentaba sostener una lágrima en el borde del ojo, dirigir el carro en línea recta y mantener la boca cerrada.

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