Fotolibro
von Cecilia Guerrero @cecilia_guerrero_navarro
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Ni de la hierba humilde el destino se olvida.
Nutre la ley cuanto vive.
Por su naturaleza se marchitan las rosas y placeres se acaban.
¿Quién nos conoce, amigo, tal cual fuimos?
Ni nosotros nos conocemos.

La abeja que, volando, zumba sobre
la coloreada flor, y se posa, casi
sin distinguirse de ella
a los ojos que no miran,
no ha cambiado desde Cecrops.
Sólo quien vive
una vida con ser que se conoce
envejece, distinto
de la especie de que vive.
Ella es la misma
que otra que no ella.
Sólo nosotros--- ¡oh tiempo,
oh alma, oh muerte!--- mortalmente compramos
tener más vida que la vida.

Todo cuanto cesa es muerte, y la muerte es nuestra
si para nosotros cesa.
Aquel arbusto
fenece, y se va con el
parte de mi vida.
En todo cuanto miré
quedé en parte.
Con todo cuanto vi, si pasa, paso,
ni distingue la memoria
lo que vi de lo que fui.

Cada uno cumple el destino que le cumple,
y desea el destino que desea;
ni cumple lo que desea,
ni desea lo que cumple.
Como las piedras en el borde de los canteros
el Hado nos dispone,
y allí nos quedamos;
que la Suerte nos pone
donde hemos de estarlo.
No tengamos mejor conocimiento
de lo que nos cupo
que el que nos cupo.
Cumplamos lo que somos.
Nada más nos es dado.

Tenue, como si de
Eolo la olvidasen,
la brisa de la mañana
titila el campo,
y hay comienzo de sol.
No deseemos, Lidia, en esta hora
más sol que ella,
ni más alta brisa
que la que es pequeña y existe.

No quiero recordar ni conocerme.
Estamos de más
si miramos en quien somos.
Ignorar que vivimos
cumple asaz la vida.
Tanto cuanto vivimos, vive la hora
en que vivimos, igualmente muerta
si pasa con nosotros, que pasamos de ella.
Si el saberlo no sirve saberlo (pues sin poder ¿qué vale conocernos?)
mejor vida es la vida que dura sin medirse.

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