ROMAN VILELA CASTRO

Siempre adoré dibujar, pero jamás asistí a un curso. Mis mejores "obras" quedaron en los márgenes de mis apuntes de asignaturas de ciencias puras, primero, y de Economía, más tarde. Aquel soporte era perfecto para dibujar caras, primero sin modelo, evolucionaron a caricaturas que tuvieron su pequeño éxito en mis sucesivos entornos. Dejé de dibujar durante más de quince años y ahora no me sale una caricatura ni de coña.
Hace cinco años nació mi primer hijo y volví a coger un boli con intención de dibujar. Quizás tengo menos tiempo en en mi época de estudiante, sin embargo, me siento más libre y siento necesidad de aprender y experimentar. Siento que mi mirada ha cambiado de nuevo.