Mi Proyecto del curso: Escritura creativa para principiantes: da vida a tu historia
por Graciela Kovacic @graciela_kovacic
- 1.071
- 16
- 5

Ese día él se despertó y comenzó a revisar los mensajes de wasap en su celular.
Este hábito había comenzado hace un año atrás, cuando se había conectado cerca del mediodía, y eso provocó que perdiera aquella entrevista de trabajo de las diez de la mañana.
Tantos meses esperándola, y ese día, simplemente por no haber revisado sus mensajes temprano, perdió lo que consideraba su gran oportunidad: su postulación al cargo de Investigador en el Centro más importante de Virología de la ciudad.
Mira su mesa de luz, está la cajita que se pondrá en el bolsillo de la campera. Tiene forma de corazón, está forrada totalmente por fuera de terciopelo de color rojo. Tan suave al tacto, tan agradable a la vista, que ella sola por sí misma es un exquisito presente.
De vez en cuando le llevaba pequeños regalos. Fantasías de acero quirúrgico con alguna piedrita de las llamadas semi-preciosas. Pero para este encuentro tan especial, gastó lo que le quedaba de sus ahorros en una pulsera de plata con tres nudos de oro.
La tapa de la caja se levanta abriéndose con la gracia de una concha marina que resguarda la más fina de las perlas, dándole a su contenido la misma sensación de intimidad y preciosidad. La concha marina ofreciendo el tesoro de su perla, la cajita roja en forma de corazón ofreciendo el tesoro de su pulsera.
Vuelve a la pantalla del celular, como siempre empieza a leer por su grupo de amigos, bueno, no todos los son, unos habían traído a otros, que otros no conocían a los unos, y así. Hasta que se convirtió en un grupo de amigos-conocidos-desconocidos, donde participaban alrededor de treinta y cinco personas.
Quince mensajes, comienza a leer.
Frunce el entrecejo, pasa su mano por su rostro, refriega sus ojos, bosteza, y vuelve a decirse en voz alta por centésima vez, “me tengo que borrar”.
No lo hizo, ni lo hará, seguirá bebiendo un poco de su veneno diario, mandará stickers, gifs, emoticon, link de minas variados, estoicamente leerá los relatos de las conquistas, opiniones sobre futbol y política, menes de todo tipo y temática.
¿Qué mandato interno lo obliga a quedarse, e intentar mimetizarse siendo uno más de la manada? Podría no leer, no contestar. En el fondo sabe que no se borrará, ni dejará de leer. Es adicto a esta zona en dónde se juega el sentimiento de pertenecer.
Empieza a enrojecer su cara, no quiere contestar, pero sus dedos le juegan una mala pasada, y se empiezan a mover velozmente por el teclado vomitando sus emociones.
Entonces el intercambio interminable del que ahora es parte y que no lleva a ningún lado, se potencia, acrecienta su enojo, las burlas incrementan su ira…
Ya le malograron el comienzo del día y ni siquiera se levantó de la cama. Sigue leyendo, contestando, bebiendo la vehemencia ajena.
Se hace tarde tiene que ducharse o perderá el avión.
Deja el celular en la cama sobre el acolchado de figuras geométricas azules. Su protector de pantalla oculta los mensajes de sus contactos sin leer. Esos otros mensajes tan placenteros que comienzan con un “Buen día”.
Desde las rendijas de la persiana del ventanal, que se encuentra en la pared que da a los pies de su cama, se empieza a filtrar la luz. Está amaneciendo, percibe el silencio somnoliento de la ciudad. Se escuchan los simpáticos móviles que realizan la limpieza de las calles, y el sonido típico de los chorros potentes de líquidos que utilizan para la higiene urbana.
Enciende la ducha, de alguna manera le resulta divertida la coincidencia de que él también en unos segundos más, esté limpiando su cuerpo bajo un íntimo torrente de agua.
El avión lo llevará a otra ciudad donde se radicará, con más miedos, más expectativas. Otra ciudad donde tal vez termine un poco antes la pandemia, y la pueda volver a abrazar libremente caminando por las calles.
Recuerda entonces, cuando se afanaba por explicarle las bondades del nuevo destino, con sus grandes parques y jardines donde podías ver toda la gama, desde amarillos claros, ocres a verdes en el follaje; donde los aromas de las flores te invitaban a detenerte para apreciarlas. Sus tiendas, su aire, todo era tan especial…
__Yo te adoro__ le había dicho ella en la escalinata del autobús, resignada a que él se fuera. Recorrió lentamente el pasillo y se sentó en uno de los últimos asientos. Bajando su rostro, fijando su mirada en el piso para que esa lágrima que amenazaba humedecer su mejilla, se quedara un rato más dentro de su lagrimal. Pero el barbijo no ocultaba sus ojos. Él no la entendió. Desde abajo la saludó alegremente levantando la mano. Ella adivinó su sonrisa detrás de la tela. Esas palabras hoy regresan a entumecer su corazón, por ese __ Yo también__, que nunca llegó a pronunciar.
Mientras seca su cuerpo vuelve a recordar con tristeza la misma escena, y siente una deuda pendiente que en algún momento deberá saldar brindándole toda su ternura.
Por unos instantes cierra los ojos e imagina la sorpresa de ella cuando tenga la cajita entre sus manos.
Primero quedará extasiada mirándola, y despegará su atención sólo unos segundos para mirarle a sus ojos encantada. Sonreirá, y se llevará su otra mano al borde de su boca ocultándola, como si estuviera en el medio de una travesura.
Por último con muchísimo cuidado la abrirá, y sus ojos como dos estrellas gigantes dejarán de parpadear por unos segundos. Esta vez emitirá un sonido, y volverá a mirarle, y volverá a mirarla, para sacar finalmente de esa hermosa cajita, el tesoro que lleva escondido y que es exclusivo para ella.
La sostendrá unos segundos entre sus manos, para pedirle a él que se la coloque en su muñeca izquierda. Todo lo que era muy significativo para ella, lo usaba sobre su lado izquierdo. Sus anillos más amados, sus tatuajes más representativos de ese mundo interior que casi nadie conoce.
Y esta pulsera tan elegante y a su vez discreta, luciendo sobre su muñeca izquierda, destacará su brillo sobre el color de su piel. Ese brillo tan intenso como su propia alma.
Es lo primero que le dirá cuando la vea, sólo eso __ Yo también__ y le entregará el tesoro dentro de la cajita.
Vuelve a este presente, donde el reloj colgado en la pared lo alerta. Ya se hizo muy tarde.
Se mira fijamente en el espejo mientras acomoda ese mechón rebelde, empecinado en caer sobre su frente.
Gira su cabeza y mira la ropa que se pondrá en breve, acomodada prolijamente sobre la silla desde la noche.
Sale corriendo de su casa, se asegura nuevamente de tener en el bolsillo interior de su campera, la pequeña cajita roja aterciopelada.
El remise que lo llevará al aeropuerto lo estaba esperando en la puerta. Se asombra de cómo en dos valijas pudo resumir toda su vida y pertenencias. Su vida completa ahora encerrada y a oscuras dentro del baúl de ese auto, piensa.
Sube, se acomoda correctamente el barbijo, no hace falta indique el destino, lo había contratado el día anterior.
__Buenos días__, dice, encorvando su gran cuerpo, mientras ese mechón rebelde y tan negro regresa caprichosamente tapando parcialmente sus ojos marrones.
__Buenos días__ contesta al chofer mirando por el espejo retrovisor, su voz tiene un sonido raro a través de la máscara que tiene puesta.
Desde la ventanilla, mira por última vez ese amanecer con el sol regalando algo de sus dorados al asfalto gris, y se relaja respirando profundo, cerrando los ojos, escuchando música. Empieza a recordar.
La había conocido hace dos veranos, su versión contrastada le gustaba decir.
Ella tan blanca, su cabello rubio y corto, sus ojos tan claros verdes-celestes, casi transparentes por momentos, según el tiempo o su estado de ánimo. Tan vulnerable y tan fuerte…
Su casi llanto cuando algo la hería o la emocionaba, disfrazado.
__ Es alergia __ le decía, empuñando el pañuelito descartable con el que imponía una prudente distancia.
Simpática, con la sonrisa a flor de labios, tierna, abierta y sin embargo tan misteriosa, oculta dentro de su mundo, su refugio.
__ Es que ahí puedo ser yo, y estar con quien quiero cuando quiero. Hasta puedo abrazarte sin que estés presente __ y cerraba esa frase con un gesto pícaro colgándose de su cuello.
Sólo dos veranos y es toda su vida. Sus mejores anécdotas, su risa más franca. Con ella se siente vivo. A su lado puede volver a empezar.
Llega al aeropuerto con los minutos contados. Suena la alarma del scanner. Es la cajita que lleva en el interior de su campera.
Desespera mientras revisan la pulsera que ella llevará automáticamente a su boca, como hacía con todas sus cosas.
Le gustaba jugar con sus labios. Cuando lo besaba se los regateaba al principio. Poco a poco los entregaba, mordiendo suavemente el labio superior, y el inferior de él, intercalando ritmos con su boca entreabierta.
La lengua tibia, mezcla rara de inocencia y sensualidad. De su cuerpo emanaba como un aroma animal que lo embriagaba, y encendía su masculinidad.
Sus labios sabían diferente según el labial que utilizaba. Sorpresa de colores y de sabores, que despertaba su deseo con sólo verla llegar.
Juegos que esperaba intensamente: en una plaza, en el auto, en el ascensor, en las escaleras, en cualquier lugar que ofreciera con sus sombras o ausencias, el anuncio de que en breve comenzaría esa intimidad provocativa a la que ella lo sometía.
Así comenzaba lentamente esa especie de ritual consentido, que los llevaría al éxtasis.
__ Todo en orden señor, puede continuar__ le anuncia el policía de seguridad.
Por fin logra embarcar.
Ya ubicado en su butaca, toma el celular entes del despegue y ve los mensajes que quedaron sin contestar. El primero que abre es el chat de ella.
“Lo lamento tanto…”.
Revivió aquel: __Yo te adoro__.
__ Yo te adoro. Me resigno a tu partida __ estas últimas palabras las dijo girando para continuar con su ascenso en la escalinata del autobús. Las exactas palabras que él había borrado de su recuerdo y ahora volvían con fuerza inesperada a golpearlo.
Su mano izquierda tantea en el bolsillo la pequeña cajita roja en forma de corazón y se aferra a ella. Va a camino a otra ciudad, con más miedos, ahora transformada en una masa uniforme gris, vacía y solitaria.
Suelta un: __Yo también te adoro. No te resignes __ y una tras otra las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas sin parar, mojando la absurda tela que tapa su nariz y su boca. Se encorva abrazando sus rodillas.
__ Señor, ¿se siente Ud. bien?__ pregunta la azafata.
__ Ya no podré abrazarla__ contesta en un suspiro, mirando por la ventanilla.
__ No me resigné__ escucha como en sueños, mientras ella se abrocha el cinturón de seguridad a su lado.

5 comentarios
Hi Graciela,
Thanks for sharing your project. You have a wonderful attention to details, from the Whatsapp messages, to the sounds of the cleaners on the street, to the details of the kiss. And I loved how the story ends with the seat-belt being fastened, an echo of an embrace.
I hope you've enjoyed the course and will keep revisiting the lessons.
Keep writing! Un abrazo desde Madrid.
Shaun
@shaun_levin Muchísimas gracias profesor. Fue un gran placer y desafío para mí este curso. Espero que pueda seguir compartiendo con usted otros espacios de aprendizaje.
Un gran abrazo.
@graciela_kovacic me encanta leer la historia final que linda historia.. :)
@ariadnaszeplaki Muchas gracias por tu comentario.
@graciela_kovacic A vos :)
Entra o únete Gratis para comentar