Mi proyecto del curso: Laboratorio experimental de escritura creativa - El Gato de Oz
por shernikaurfoto @shernikaurfoto
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La humana tiene un sentido del humor cuestionable y llamó Tabú al gato. Es posible que tuviese gracia cuando era una pelusa negra que se colaba en su casa a devorar la comida de la gata, negra también, a la que seguía incansablemente en las cacerías de topos. Ahora que vivían en un apartamento sin topos a la vista y que Tabú era flaco y medio calvo, el nombre era casi irrespetuoso, pero cargaba con él resignadamente.
Aún puede presumir de ojos redondos y verdes, verdes como la albahaca, verdes como el trigo verde y el verde, verde limón (ya podía aprender otra canción la humana) y de ser, en la medida en que un gato puede serlo, sabio. Cualquiera podría darse cuenta de que su mirada es muy diferente a la de su otro compañero felino, más joven, mas gordo y un tanto bonachón de más para el criterio gatuno generalizado.
Tabú sabe encontrar el sitio más cómodo para descansar, y contabilizar las horas para saber cuándo sale y entra la humana, cuándo se llena el plato de comida y, lo más importante, cuándo la humana está irritada y es mejor mantenerse a distancia.
Tabú es un gato bastante satisfecho con la vida. El joven bonachón es una compañía agradable y lo entretiene; el apartamento es calentito y no llueve dentro, y la humana lo consiente (casi siempre). Solo le perturba una cosa. La mesa prohibida.
Y es que, dentro de lo que le permiten sus viejas articulaciones, Tabú campa a sus anchas por cualquier superficie. Sean camas, estanterías, encimeras, sillas, butacones, todo es su espacio, o incluso su reino, porque todo le pertenece. Salvo la mesa prohibida, donde la humana apoya su tesoro intocable: las gafas.
Para entender la prohibición es importante saber que las gafas no son un complemento cualquiera. Aunque muchos diseñadores de moda incluyan monturas en sus colecciones de temporada, las gafas (también conocidas como anteojos o lentes) nacieron con la finalidad de permitir a personas con déficit de visión, o simplemente mayores, el acceso a la lectura. Ya el astrónomo Alhacén hacía referencia a las “piedras de lectura”, y en Murano se fabricaban gafas articuladas en el siglo XIII. Pero fue con la llegada de la imprenta, cuando se empezaron a distribuir libros a gran escala, cuando la fabricación de gafas creció. Desde entonces, su uso se entendió como signo de pertenencia a una elite cultural. Pero los anteojos de la humana no son tan antiguas, ya que tienen patillas que hacen que se apoyen en las orejas. Este elemento no se incluyó hasta el siglo XVIII, aunque ahora sea lo más común. La verdad es que sería muy extraño que la humana utilizase los lentes conocidos como “quevedos”, por anacrónicos y porque no le resulta en exceso simpático el escritor español. Toda esta información se la escuchó Tabú una tarde a un humano sin gafas bastante pedante que nunca volvió a ver. Afortunadamente.
En resumen, las gafas de la humana son un tesoro que sólo ella puede tocar y que sólo apoya en la mesa prohibida. Y Tabú es consciente de que las gafas de su humana (porque la humana es suya) son diferentes a las que llevan otros humanos que pasan por el apartamento.
En primer lugar esos humanos llevan gafas de montura cuadrada o redonda. Con la cantidad de objetos cuadrados o redondos que Tabú puede ver a lo largo del día, lo único que despiertan esas gafas (como los humanos que pueda haber detrás) es un aburrimiento descomunal. Las gafas de la humana tienen forma de OJO DE GATO y eso, desde la perspectiva del senecto felino doméstico, es mucho más interesante. Implica el deseo de la humana de parecerse a él y eso merece un respeto. O, al menos, una cierta valoración.
En segundo lugar, las gafas de la humana tienen una montura roja,
brillante,
extravagante,
escandalosa.
Ella las llama “sus chapines de rubí”
Y,
a veces,
cuando se las pone,
le dice a Tabú
“no hay lugar como el hogar”.
Y es cierto.
Porque el hogar es fuego,
Es gato,
Es STOP y es ver cine
Acurrucada en tu regazo
Calzada con los ruby slippers.
Una ciudad Esmeralda
Sin mago, ni falta que hace.
Porque la humana no lleva gafas todo el tiempo. Las usa cuando lee, cuando se sienta ante el ordenador o, a veces, cuando sale y después vuelve con otro humano de gafas aburridas.
En esas ocasiones, las gafas rojas van acompañadas de pintalabios rojo (que con frecuencia es menos rojo al volver).
Pero cuando la humana deja las gafas sobre la mesa prohibida y se va, Tabú se vuelve transgresor y se acerca a ellas para mirar a través de los cristales, para poder ver la vida con los ojos de la humana.
Solo por un rato.
Solo unos segundos.
Más tiempo sería insoportable porque,
desde los ojos de la humana el apartamento calentito es demasiado pequeño, el gato joven está gordo y el suelo lleno de pelos.
A los ojos de la humana, el mundo está lleno de peligros, los objetos cobran mucha importancia y todo se va a evaporar inmediatamente, por eso hay que darse mucha prisa. Es insoportable ser un gato viejo y ponerse mirada humana.
La lente distorsiona una realidad que es,
en realidad,
tan sencilla como la ve un gato.
Un gato, que por ser sencillo,
Es Tabú.
2 comentarios
¡Muchas felicidades por tu proyecto!
¡Muchas gracias!
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