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Historia de la escultura: de la Venus de Willendorf al David

Conoce la historia de cómo el cuerpo humano ha sido representado por la escultura, desde la Venus de Willendorf hasta el David de Miguel Ángel

Libre de las restricciones que imponen el pincel y el lienzo, la escultura le infunde vida al arte de una forma que ninguna otra técnica puede lograr. Por supuesto, hay un tema en particular que ha sido una constante fuente de inspiración para muchos escultores: el cuerpo humano.

Si analizamos la historia del cuerpo humano a través de la escultura descubriremos con asombro cómo una sola temática puede ser interpretada de múltiples maneras. Desde la belleza del David de Miguel Ángel hasta el deformado y esquelético Walking Man I de Giacommetti, los artistas siempre acuden al cuerpo humano tanto por su belleza estética como por su capacidad para hacer declaraciones políticas más oscuras, como descubriremos en este video.

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La historia el cuerpo humano en la escultura

La Venus de Willendorf

Puede parecer pequeña y poco pretenciosa, pero la Venus de Willendorf es uno de los ejemplos de arte figurativo más tempranos. Con más de 25,000 años de antigüedad, esta pieza se remonta al periodo Paleolítico superior y fue descubierta en 1908 durante unas excavaciones arqueológicas cerca de Willendorf, Austria. Lo más sorprendente de esta escultura son sus rasgos sexuales exagerados, lo cual sugiere que pudo haber sido una representación de la fertilidad, un amuleto de buena suerte o una diosa madre. Otra teoría propuesta por los autores Catherine McCoid y LeRoy McDermott sugiere que la Venus de Willendorf es, en realidad, la autorrepresentación de un cuerpo femenino, tallado por una mujer que veía su cuerpo desde arriba.

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La Venus de Willendorf.

Seres sobrenaturales

Muchas antiguas civilizaciones le otorgaron elementos sobrenaturales al cuerpo humano. Los olmecas fueron una de las primeras grandes civilizaciones de Mesoamérica, llegando a ocupar los actuales estados de Veracruz y Tabasco, en México. Aunque son más conocidos por sus enormes cabezas esculpidas en rocas de basalto volcánico, las cuales pesan más de 50 toneladas, también son famosas sus tallas que representaron efigies de “hombres jaguar”, considerados deidades mitad humano mitad felino. Estas figuras antropomórficas se caracterizan por sus bocas abiertas hacia abajo y sus cabezas hendidas, y aparecen representadas en todo el arte olmeca: desde pequeñas figuras hasta enormes estatuas y grabados.

Quizás una de las “quimeras” más reconocibles en la actualidad es el dios egipcio de la muerte, Anubis, que tenía el cuerpo de un humano y la cabeza de un chacal. Curiosamente, a la hora de representar la figura humana, los egipcios se guiaban por estrictas reglas matemáticas. Los ángulos rectos hacían que su sujeto luciera más poderoso, además de que siempre se le representaba mirando hacia adelante, con el rostro viendo hacia la vida eterna.

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El antiguo dios egipcio Anubis.

Una ruptura con la tradición

Y mientras que los antiguos egipcios eran conocidos por sus rígidas representaciones del cuerpo, los griegos de la antigüedad tenían un punto de vista diferente. Sus esculturas solían mostrar figuras desnudas y musculosas en poses dinámicas, llenas de vida y con gran libertad de movimiento. Las proporciones perfectamente balanceadas de las esculturas clásicas reflejan la obsesión griega por alcanzar la belleza y la armonía en sus obras, así como su interés por estudiar al ser humano únicamente desde una perspectiva estética.

Esto tendría una gran influencia en los escultores de los siguientes mil años, más notoriamente en aquellos que surgieron durante el Renacimiento. El redescubrimiento de la cultura greco-romana significó que el ser humano volvía a estar al centro del quehacer artístico occidental, por ello muchas de las más famosas esculturas de la historia, como el David de Miguel Ángel, no se apartaron demasiado de la estética griega. Para ello, los artistas tenían que convertirse en maestros de la anatomía, llegando incluso a realizar disecciones en cadáveres humanos para recrear el cuerpo de la forma más verosímil y precisa posible.

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Los griegos se enfocaron en la belleza y fluidez de la figura humana.

La sombra del conflicto

Hacia la mitad del siglo XX, Europa experimentó los efectos de no una, sino dos guerras mundiales. Estos conflictos tuvieron un enorme impacto en todas las áreas de la vida, incluidas el arte y la escultura. Las distorsionadas, marchitas y esqueléticas figuras que creó Giacometti, incluida su escultura Walking Man I, son un perfecto ejemplo de cómo el artista buscó reflejar la ansiedad, sufrimiento, duda y enajenación de la posguerra. Del mismo modo, la escultura The Nuclear Victim (Beach Girl), de Colin Self, expresa el creciente temor del artista ante la amenaza de una guerra nuclear durante la década de los sesenta.

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The Nuclear Victim (Beach Girl), de Colin Self, representa el horror de la guerra nuclear.

El ascenso de la tecnología

En la actualidad, nuestros cuerpos son constantemente fotografiados, filtrados y publicados en las redes sociales con la finalidad de que el mundo entero los vea. Esto ha tenido consecuencias negativas para aquellos que sienten que no pueden cumplir con los irreales estándares de belleza impuestos por la sociedad. Artistas como Miriam Lenk y Marc Quinn han respondido a esto con obras que no se conforman con una sola definición de la belleza, creando esculturas que celebran nuestros cuerpos y toda su diversidad.

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¿Qué forma le darán los escultores a nuestros cuerpos en el futuro?

Así, han pasado miles de años desde que la pequeña Venus de Willendorf fue tallada. A medida que las civilizaciones van y vienen, seguimos esculpiendo la figura humana en formas que nos sorprenden, deleitan, conmueven, impactan e incluso repelen.

La pregunta es: ¿qué forma le daremos a nuestro cuerpo en el futuro?

Versión en español de @arturo_torres_landa

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