Arte

Leonor Fini: la artista surrealista que no quería ser solo musa

Leonor Fini rechaza el convencionalismo de sus coetáneos para explorar los límites de su sexualidad

Leonor Fini (1907, Buenos Aires, Argentina - 1996, Paris, Francia), es una de las grandes artistas del siglo XX que, junto a Dorothea Tanning, rechazó ser encasillada por ser mujer en un movimiento abanderado por hombres. Por primera vez en América una muestra recoge y estudia toda su obra, en el Museo del Sexo (MoSEX) de Nueva York, bajo el título “Leonor Fini: Teatro del deseo, 1930-1990”.

A través de su obra, que no solo comprende pinturas, sino también libros ilustrados, objetos, vestuario y escenografía para teatro y ballet, Fini abraza el empoderamiento femenino, la fluidez de género y la libertad sexual, inspirándose en figuras mitológicas antiguas y renovando su concepto.

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The Blind Ones (Les Aveugles),1968. Oil on canvas. Courtesy of Weinstein Gallery, San Francisco.

Rechazo al ideal femenino de los surrealistas

Artista autodidacta, con una gran influencia por parte de los maestros flamencos, el simbolismo y el surrealismo, compartió con su círculo artístico la ferviente idea del poder del deseo como arma para la subversión política y social. Sin embargo, no quiso ser encasillada con el movimiento a modo teórico, dado que rechazaba la visión tradicional de la mujer como musa que veneraban sus coetáneos.

Pese a que incluso llegara a exponer con ellos en la muestra Fantastic Art, Dada y Surrealismo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1936 y en la Exposición Surrealista de Objetos en la Charles Ratton Gallery en París el mismo año, Fini repudió el mundo simbólico patriarcal convencional representado por los hombres de su época.

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Woman Seated on a Naked Man (Femme assise sur un homme nu), 1942. Oil on canvas. Private collection.

La figura andrógena: punto de partida de la obra de Fini

La artista se consideraba a ella misma “andrógena”, lo que hoy en día denominaríamos identidad de género no binaria. Fascinada por este concepto, con el surrealismo encontró la manera de desvirtuar los horizontes entre lo que era masculino o femenino, rechazó los estereotipos clásicos para retomar aquel ideal clásico en el que conviven los dos sexos de manera armoniosa en una misma persona. Para ella, no existía la necesidad de definir una identidad fija, sino que ésta era volátil y fluía con los cuerpos, como la creatividad.

Identidades múltiples, mujeres místicas

En esta atmósfera híbrida y deshinibida es donde conviven y se sienten cómodos los personajes en sus obras. Los hombres aparecen por primera vez como objetos de deseo, figuras sensuales bellas y ambiguas, que no esconden, en palabras de la propia Fini, su feminidad. Las mujeres, por su parte, se convierten en diosas, esfinges, y heroínas que expresan su sexualidad abiertamente y dejan de ser la figura débil que busca la salvación del hombre, mostrado tradicionalmente como un semidiós mitológico. En su obra apreciamos la figura mística de la mujer que también es cruel y que preside escenas de vida o muerte.

La mujer aparece acompañada de otras mujeres y hombres, en escenas que recrean obras teatrales, donde aparecen con máscaras, vestidos y trajes exóticos. Aquí reside el objetivo de la pintura de Fini: la celebración íntima y provocativa del deseo sin límites ni corsés, independientemente si se da entre hombres, mujeres o entre varias personas sin un género definido.

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The Botany Lesson (La Leçon de botanique), 1974. Oil on canvas. Courtesy of Weinstein Gallery, San Francisco.

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The Alcove/Self-Portrait with Nico Papatakis (L’Alcôve/Autoportrait avec Nico Papatakis), 1941. Oil on canvas. Courtesy of Weinstein Gallery, San Francisco.

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Anthropomorphic Wardrobe (Armoire anthropomorphe), 1939. Oil on wood. Courtesy of Weinstein Gallery, San Francisco.

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In the tower (Dans la tour), 1952. Oil on canvas. Courtesy of Weinstein Gallery, San Francisco.

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