Ilustración

Consejos para poner precio a tu trabajo, por Carla Berrocal

Uno de los debates internos más largos que tenemos entre los ilustradores ha sido el tema de las tarifas.

En todas las asambleas que hemos coordinado es una cuestión recurrente y una de las mayores preocupaciones dentro del colectivo.

Desde que en el 2004 se publicara el 'Libro Blanco de la Ilustración' con un sistema de tarifas que rigió (y sigue rigiendo) el mercado de los dibujantes, muchos compañeros se preguntan qué ha ocurrido para que no haya vuelto a salir nada similar. La respuesta es sencilla: esta prohibido.

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La Ley de la Libre Competencia prohíbe publicar tarifarios con la intención de estimular el mercado, así que es imposible sugerir nada en ese sentido. Las Asociaciones Profesionales poco pueden hacer, tienen las manos atadas.

Si nos preocupamos por tener otras alternativas deberíamos empezar por cuestionarnos si realmente es necesario un tarifario. ¿No debe nuestro sector solucionar antes otros problemas de mayor importancia?, ¿no es más urgente empezar a definir la profesión? Porque ¿sabemos qué es exactamente un profesional de la ilustración?, ¿sabemos cuáles son nuestros valores?

Por otra parte, también, creo que es mucho más prioritario crear el código de buenas maneras, ya que nos ayudará a definir algunas de las lagunas del oficio. Todo ello estimularía un autoconocimiento que es indispensable para el desarrollo y evolución del colectivo.

Y para todos aquellos que os preguntéis cómo podéis obtener una tarifa de lo que cuesta nuestro trabajo, 3 pequeños consejos:

1. Calcula tu propio sueldo

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Tus necesidades son distintas a las del resto. Para tener tu precio por día o precio por hora, suma:

Gastos fijos mensuales + sueldo ideal / 30 días = precio por jornada

A partir de ahí es sencillo: sólo te queda calcular las jornadas que te llevará un trabajo. Teniendo en cuenta tu rapidez a la hora de enfrentarte a un proyecto, ya sabes qué precio aproximado ofrecerle a tu cliente.

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Ilustración: Carla Berrocal

2. Negocia el precio teniendo en cuenta tu objetivo y sobre todo, restando los impuestos.

Es decir, si quieres cobrar por un trabajo 1200 euros, considera que el 15% de IRPF –en España– se lo lleva hacienda, así que tendrías que cobrar en torno a unos 200 euros más para llevarte esa cantidad en limpio (siendo el porcentaje proporcional a medida que aumente).

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Ilustración: Carla Berrocal

3. Tu precio habla de tu trabajo y de tu calidad.

Valórate. Con esto no digo que pongas precios ni muy bajos ni desorbitados, pero sí que tengas en cuenta que tus horas tienen un coste. Da igual que tengas 5 o 20 años de experiencia, lo que el cliente valora no es eso –que puede ser un valor añadido más adelante–, sino un servicio de comunicación que tú mismo debes aprender a cotizar. Porque tu sueldo, a final de mes, solo depende de ti, así que la decisión de si quieres ser un tirano explotador o un jefe justo, está en tus manos.

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Ilustración: Carla Berrocal

Carla Berrocal (@pintamonas) es ilustradora y dibujante de cómics. Ha publicado y participado en numerosas antologías para España y el mundo y preside la Asociación Profesional de Ilustradores de Madrid. En Domestika imparte, junto a Mol, el curso de Ilustración tradicional y digital: del boceto a la impresión.

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