María Fernanda Guerrero Mora

María Fernanda Guerrero Mora

Bogotá, Colombia

María Fernanda Guerrero Mora

Hola soy María Fernanda Guerrero, tengo 24 años; soy de Bogotá - Colombia y a pesar de tener una nacionalidad que amo siempre me he considerado una ciudadana universal. Soy cineasta por convicción, fotógrafa por afición y escritora por frustración. A veces pez, a veces pájaro, a veces pluma y viento. He pasado los últimos años recogiendo historias en la ciudad en la que crecí, descubrí el documental a solas entre los relatos de las personas y para llevar sus voces al eco cree La Bogotá sin Asco, un medio de comunicación alternativo para la difusión y promoción de la sociedad y la cultura en busca de esa mirada sin tabúes que rompe brechas y transforma; comencé haciendo vídeos cortos de historias de mi ciudad, encontrando escenarios, rescatando personajes abandonados, haciendo una cartografía de mis pasos en la memoria de los ciudadanos, movida por la empatía social y la revolución cultural que nos conecta como seres humanos, comencé a hacer parte de la escena social y cultural, en 2015 y 2016 hice parte de las movilizaciones ciudadanas que le apostaban a un proceso de paz que daría fin a un conflicto armado interno que ha azotado mi país durante más de 50 años; me sume para acampar con 200 personas en la plaza pública más importante de Colombia, la plaza de Bolívar en Bogotá y allí conviví con personas de todas partes del país y del mundo, sin diferencias de razas, religiones, posiciones políticas, identidades sexuales o nacionalidades; todos caminamos juntos por un sueño de paz que documente durante 50 días y hoy nos permite hacer la post producción de nuestro primer documental largo sobre el campamento por la paz.
En el campamento conocí una organización que se dedica a las acciones con efectos de transformación social llamada Meráki y su directora Juliana Bohórquez que a su vez fue una de las fundadoras del campamento, me sentí convocada y me uní a su equipo de voluntariado y de la mano de ellos he estado recorriendo el país, pasando por zonas que han sido golpeadas por el conflicto, haciendo procesos y pedagogías de reconciliación y paz en territorios y comunidades olvidadas por el estado, y Meráki y Juliana me han permito conocer el país a través de las personas documentándolo todo.
Para Meráki he explorado otras facetas, diseñe toda su página web, indague en el diseño gráfico, el collage y la ilustración digital; he dictado clases de fotografía, cine y arte para niños, jóvenes y abuelos, no hemos parado. Ahora después de dos años de crear La Bogotá sin Asco, creo que Sin Asco puede llegar a cada territorio y cada comunidad, sin fronteras ni brechas y que debe convertirse en un mecanismo de empotramiento y comunicación para comunidades que necesitan hacer memoria, hablar, movilizar y replicar. A lo largo del tiempo me hice una documentalista empírica, estudie fotografía y después cine, pero no termine la universidad, aunque espero retomarla y nunca he dejado de aprender, con alternativas digitales he aprendido y transmitido ese conocimiento a otros, pero sobre todo he llevado conmigo una parte del mundo en el que vivimos.
Con el tiempo funde una productora audiovisual desde la que he trabajado produciendo y dirigiendo videos musicales, comerciales y productos corporativos, portafolios fotográficos para diferentes marcas, paginas web, campañas de publicidad, y cubrimientos de eventos entre oros; pero sobretodo y más importante nunca he dejado de participar activamente de proyectos con enfoque social ni de trabajar por mi país.
Todo lo que se, lo he aprendido en el escenario. El escenario de la vida, de la calle, de las personas y sus historias, historias a veces de paz y otras veces de guerra, le he dado mi vida a la gente y la gente me ha dado vida. Por temas económicos no termine mis estudios universitarios yo pague mis primeros semestres sola trabajando duro y luego de una discusión filosófica con la academia deje mi universidad y el trabajo y salí la calle con una cámara prestada a nadar entre personas, nunca tuve equipos técnicos para practicar pero aprovechaba cada oportunidad que tenia de hacer lo que más me gustaba y utilizar la carencia de algo como la oportunidad del aprendizaje de algo más grande; me puse al servicio e hice de la cámara una extensión de mi cuerpo para que otros puedan ver el mundo a través de mis ojos, pues creo que aún hay muchas historias sin contarse, muchas escenas sin rodarse y es lo que me ha convocado a Domestika. Donde la magia ocurre…
El lugar en el que crecí es suave, amplio, cálido, blanco... El lienzo que podemos trazar de luz, no tiene horas, minutos, ni tiempos de espera; siempre está en movimiento, tiene humor espeso y atardeceres inevitables, aquí siempre tenemos la intuición del descubriendo, una vez uno llega ya no se quiere ir; porque no puede pasar por alto la sonrisa espumosa, la conversación misteriosa, ni la compañía generosa. Le echo mano a las memorias que nos traen las ideas incandescentes de proyectos que se nos ocurren mientras nos revelan el mundo que deseamos. En Domestika encuentro la magia que nos habita, la sorpresa que nos ínsita, las ganas que nos caracterizan; hace que la creatividad pueda ser de todo menos predecible, se siente como si pudiera montármele al sol, y pese al frio y la humedad sobrevivir con un café y una clase cada mañana, cada semana.

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