Autor escribiendo en sofá, cuaderno abierto
by Olney Goin @olneygoin
- 1,048
- 5
- 0
Capítulo 1
Uno de los tantos beneficios de ser un Agente triple-E son las deliciosas golosinas con que recargan los refrigeradores de la nave interespacial. Chocolatinas, caramelos, gomitas, helados, galletas, e incluso baba de mandril andromedario “baja en calorías”. Un verdadero manjar, si saben a lo que me refiero.
A propósito, mi nombre es RCK-35, pero todos me llaman Rick, y aunque no te lo creas, tengo más de cuatrocientos cincuenta años de edad. Así somos todos los Centurianos: vivimos mucho tiempo, y por lo mismo envejecemos muy lento. En términos humanos, podrías decir que tengo entre nueve y diez años.
Así de pequeño y -lo reconozco- algo regordete, he sido nombrado el conductor de aeronaves más temeroso del universo, soy triple cinturón negro en Fu Manchú, múltiples veces campeón intergaláctico de Tap, un martemático empedernido y, por supuesto, el mejor Agente triple-E del universo.
Pero ¿qué es un Agente triple-E? Muy sencillo: un Agente Extraterrestre Exterminador de Especies.
¿Qué es lo que hace exactamente un Agente Extraterrestre Exterminador de Especies? Más sencillo todavía: visitar planetas que se encuentran en peligro inminente, encontrar a la especie responsable y exterminarla.
Sé que suena cruel, y en cierta forma lo es. Por este motivo, solo aplicamos el castigo cuando es realmente necesario. En esta misión, por ejemplo, me encuentro tras la búsqueda de una especie tremebunda, de dientes filosos, largas garras y, aunque no se lo crean, ¡pobladas cejas y cabelleras!
Lo sé, es terrible. Pero su fealdad es lo de menos. Lo que realmente importa es lo que dicen mis registros acerca de sus hábitos. Ellos han arrasado con los árboles de la selva, llenado de plástico el océano, de humo la atmósfera, ¡e incluso se pasean en automóviles escuchando una música monstruosa llamada reguetón!
Debo confesar que, por primera vez en mi vida, me encuentro aterrado de hacer mi trabajo. Lamentablemente, debido a que el Planeta VL-SS3 -mejor conocido como Planeta Tierra- es hogar de miles de especies más, el consejo intergaláctico ha decidido enviarme a hacer lo que mejor hago: bailar el Tap. ¡No! Pero, ¿qué estoy diciendo? Lo que quise decir fue, obviamente, ¡exterminar a la especie humana!
Capítulo 2
Día número 16 de viaje interespacial.
Acabo de hacer contacto visual con el Planeta Tierra, ¡pero el sistema de dirección ha empezado a fallar, y mucho me temo que pronto perderé el control de mi nave!
Las coordenadas actuales me indican que, en tan solo 30 segundos, me estrellaré en alguna parte de un continente llamado Sudamérica, precisamente en un país llamado Perú, en los alrededores de una ciudad cuyo nombre me hace recordar a mi abuelita, KIBAMBA-16.
Según mis registros espaciales, Quillabamba es una ciudad perteneciente al departamento de Cusco, ubicada en la selva alta del Perú, a poco mas de 1,000 metros sobre el nivel del mar. Cuenta con casi 200 mil habitantes humanos, así como también cientos de miles de otros animales, tales como monos, guacamayos, tucanes, uno que otro felino, y … ¡Oh, no! ¡No, no, no! ¡El oso de anteojos! ¡En Quillabamba hay cantidad de osos de anteojos, el único animal que puede ver a través de mi disfraz!
Debo intentar cambiar mi trayectoria.
-Babasónica -le hablo al sistema de interfaz-, cambia las coordenadas de manera urgente. ¡Llévame a cualquier lugar, menos a Quillabamba!
Un ding-dong se escucha alrededor, y luego la computadora, como de costumbre, responde con su voz sedosa y metálica:
-Lo siento Rick, pero mucho me temo que estás completamente frito.
-¡Pero, Babasónica…! ¡Dime algo que no sepa! ¡Miénteme, aunque sea!
-Está bien, Rick: eres un chico muy, pero muy guapo.
-¿Qué?
-Nada, Rick; prepárate para el impacto en 3… 2…1…
Adiós, universo cruel.
Capítulo 3
En contra de toda expectativa, he aterrizado a salvo.
Del lado positivo: ¡estoy vivo!
Del lado negativo: la nave interespacial ha quedado totalmente arruinada. El sistema de armamento está kaput, al igual que sistema de dirección, de propulsión, y casi todos los demás. Ni siquiera los refrigeradores han sobrevivido al choque, así que pronto se echará a perder también mi alimento.
Por supuesto que he enviado un mensaje de socorro al consejo intergaláctico. Lamentablemente, ellos tardarán días, y quizás hasta semanas en llegar aquí. En el mejor de los casos, encontraré una fuente de agua potable cerca, y quizás algo de comer en los alrededores. Solo tengo que armarme de valor, y salir a por una excursión. Quizás tenga suerte, y no haya osos de anteojos ni humanos cerca. Tal vez pueda simplemente…
¡Momento!
Estoy detectando movimiento a través de la maleza.
Mis sensores térmicos me dicen que se trata de un ser vivo, de aproximadamente 130 centímetros de altura. ¿Será posible que se trate de…?
¡Rayos y centellas! ¡Es un ser humano, y está dirigiéndose hacia aquí! ¡Debo activar el camuflaje de la nave!
Salgo hecho un trueno de mi habitación, llego a la cabina de mando, y en el momento exacto en el que voy a apretar el botón de camuflaje, la veo.
Piel color cobre, ojos oscuros, grandes y curiosos, y dos trenzas negrísimas, le dan un aire muy particular, ciertamente distinto al de los humanos que encontré en las fotos de los registros espaciales: hombres armados con hachas y sierras, dispuestos a talar la selva; hombres vestidos de verde, con armas atadas a sus espaldas; hombres navegando los mares, arrojándole arpones a inocentes ballenas. A diferencia de ellos, esta niña de coloridas vestimentas atraviesa la maleza dando de saltos, y sonríe tanto que, si no tuviera cejas ni pelo, tal vez hasta me parecería guapa.
¡Estupenda técnica para atraer a sus víctimas!
¡Al igual que la Mantis Engañosa de Gomademascar, que usa sus colores para atraer a otros insectos y luego comérselos, esta cachorra humana seguro se ha colocado sus vestimentas más coloridas, y sonríe de oreja a oreja, para atraer criaturas inocentes hacia ella y luego comérselas sin compasión! Debo de tener cuidado. Mucho cuidado.
Activando finalmente el sistema de camuflaje de la nave -que gracias a Diosa todavía funciona- la niña llega al lugar donde me encuentro, y así, sin más, se pasa de largo, perdiéndose en la maleza tras de mí.
¿Qué haré sin mis armas de exterminio? ¿Cómo podré defenderme de esta cazadora nata? No lo sé, pero, debido a que la asistencia intergaláctica tardará en socorrerme, será necesario actuar con rapidez y diligencia.
Capítulo 4
He tomado notas de todo lo que sucede a mi alrededor, y luego de tres días de vigilia he llegado a la conclusión de que la humana solo aparece por aquí a las 7:30 de la mañana, y luego nuevamente a las 2:30 de la tarde. Por todos estos motivos, siendo las tres de la tarde en punto, he tomado la decisión de salir a investigar los alrededores, en busca de alimento y un rio que me proporcione agua.
Sin más tiempo que perder, procedo a colocarme mi disfraz de humano -piel sintética y pálida, llena de terribles pelos, dientes afilados, y garras largas como sables-, y me preparo para salir.
…
Debo confesar dos cosas. La primera: debí de haber usado desodorante antes de salir. La segunda: ¡estoy completamente perdido!
Se suponía que una especie avanzada, como la mía, no tendría problemas a la hora de orientarse en el tiempo y en el espacio, pero todo parece indicar que, sin mis sofisticadas herramientas, no tengo más habilidades que un pobre mandril andromedario.
Así que aquí me tienen, hambriento y sediento, perdido en medio de una jungla llena de árboles y animales salvajes que, con seguridad, querrán probar mis tiernas lonjas centurianas. Debo encontrar la manera de volver a mi nave, puesto que, de lo contrario…
¡Momento!
¿Escucharon eso?
Un sonido de ramas quebrándose, ¡como en las películas!
Oh, por Diosa, tengo que ocultarme. Pero, ¿dónde? ¿Allí, en esa gruta que probablemente esté repleta de arañas? Ni hablar. ¿En el agujero de aquel árbol, entonces? No hay forma. Quién sabe qué tipo de serpiente, roedor o insecto pueda haber dentro. Las posibilidades son ilimitadas. ¡Rayos! Al parecer solo me queda poner en práctica mis horas de entrenamiento, y salir corriendo lo más rápido y lejos que pueda de aquí.
¡Allá voy!
Capítulo 5
Un olor a pan tostado me despierta de pronto.
Todo parece indicar que ayer por la tarde me quedé completamente dormido, y que toda esa aventura por la selva no fue más que una viva pesadilla. De hecho, ahora que lo pienso, no recuerdo muy bien el final. Creo que me tropecé con una piedra, o algo por el estilo, y luego desperté.
¡No importa! Con ese olor a pan tostado, la verdad es que no puedo concentrarme en nada más.
Un segundo…
¿¿Pan tostado??
Pero… ¿Cómo? ¿Quién podría haberlo hecho, si no lo hice yo? Y más allá de eso, porque siento las sábanas tan ásperas, y el colchón tan duro. ¿Qué ha pasado con mi deliciosa almohada de espuma viscoparlante, que además de haberse memorizado las dimensiones de mi enorme cabezota, me canta canciones de cuna para dormir?
-Y ese olor a muerto…
-Bueno, eso pasa cuando no usas desodorante.
¡Mi corazón se paraliza de pronto, y no es sino hasta abrir los ojos en que veo a nada más y nada menos que a la cachorra humana, sentada en una silla a mi costado! Lleva las mismas ropas coloridas de siempre, solo que, en esta oportunidad, en lugar de tener sujeto el pelo en dos colas, lo ha dejado suelto y atolondrado. ¿Será este el aspecto que adoptan los seres humanos para comerse a sus presas?
-¿Quién eres? -le pregunto-. Y, ¿en dónde estamos?
-Guau -dice, alzando sus cejas pelambreras-. Sabía que no eras de por aquí -continúa-, pero debo confesarte que el idioma que hablas no lo he escuchado ni en la televisión.
Qué tonto. Olvidé de activar el traductor universal de mi traje.
-Te pregunté que quién eres, y en dónde estamos.
Notablemente sorprendida por mi excelente castellano, la humana alza una ceja y procede a responderme.
-Bueno, mi nombre es Fátima, y estás en mi habitación. Ayer por la tarde te vi en medio de la selva. Parecías estar un poco perdido, así que decidí preguntarte qué te pasaba, para ver si podía ayudarte. Para mala suerte, mientras me dirigía hacia ti, Ramoncho piso una rama y tú saliste corriendo como un poseído. No te culpo. Hay muchos osos, e incluso felinos por estos lugares, y es muy normal que los turistas, como tú, tengan miedo. La cosa es que a los pocos metros tropezaste con una piedra, te fuiste de cara contra el piso, y ahora estás aquí. Ramoncho es mi burro, por si acaso, así que, si quieres darle las gracias a alguien por traerte, él sería es el indicado.
¿Una humana queriendo ayudarme? ¿Yo, un hábil Agente triple-E, tropezándome con una piedra? ¿Un tal burro llamado Ramoncho, cargándome como ambulancia? ¡Por supuesto que todo lo que dice son mentiras! Lo único que quiere esta tal Fátima es esperar a que los suculentos panes tostados se encuentren listos, para luego poder comerme con ellos, a manera de sándwich.
Piensa, Rick. ¿Qué haría tu héroe, Tapman, si estuviera en tu lugar? ¿Qué plan maestro inventaría para distraer a la humana, salir de un salto de esta cama, y finalmente correr hacia la libertad?
Capítulo 6
La habitación en la que me encuentro es muy distinta a la de mi nave interespacial, pero guarda ciertas similitudes con mi hogar, en Alfa Centauri. Hay muchas diferencias, por supuesto. Las paredes, para empezar, son de madera y no de acerolástico, el material más resistente y al mismo tiempo esponjoso del universo; las puertas son mecánicas y no automáticas; y en lugar de ventanas, lo que tienen son agujeros en la pared.
No puedo negar que la modesta casa me ha hecho sentir cierta lástima, ¡pero todo debe de tratarse de un plan para hacerme bajar mis defensas, y luego cocinarme a fuego lento!
No… ¡No puedo dejarme engañar por las tretas de esta lista muchachita, ni mucho menos bajar la guardia por la pena que me hace sentir su subdesarrollada choza! Tengo que escapar, puesto que, si los seis rasgos de los humanos son correctos, nada ni nadie podrá salvarme.
RASGOS DE LOS HUMANOS
Rasgo número 1: Son deformes. Su cabeza es más pequeña de lo normal, tienen pelos en todas partes, y también garras y dientes filosos.
Rasgo número 2: Son tontos. Por más que saben que su fuente de vida es el planeta tierra, no parecen tener demasiado interés en protegerlo.
Rasgo número 3: Son malos. No respetan a los demás animales ni a la naturaleza. ¡Vaya maleantes!
Rasgo número 4: Son intolerantes. Por más que todos son muy parecidos, son capaces de pelearse por cosas como la cantidad de melanina en su piel, el tamaño de sus ojos, e incluso la forma en que visten.
Rasgo número 5: Son envidiosos. Siempre quieren tener todo lo que el otro tiene.
Rasgo número 6: Son mezquinos. Son capaces de todo, con tal de conseguir lo que desean.
Rasgo número 7: Escuchan reguetón. Creo que esto no necesita aclaraciones. Lamentablemente.
Ahora que ya vieron al tipo de monstruo al que estoy enfrentándome, les será más fácil comprender porqué es que necesito largarme lo más rápido posible de este lugar. Antes de que Fátima -¡la gran actriz, la máxima charlatana!- decida sacar sus garras y colmillos, y cocinarme al vapor, debo completar mi plan: ¡distraerla, salir de esta cama y escapar! Y creo que ya sé cómo lograrlo…
Capítulo 7
-Y… ¿qué hay de ti? -me pregunta de pronto, sacándome de mis pensamientos.
-¿De mí? -le respondo, confundido.
-Sí -me dice-. ¿Quién eres, y de dónde vienes?
Tragando saliva, procuro inventar algo en la marcha.
-Eh… Bueno… Sí… Claro… Yo… Me llamo Ricky.
-¿Ricky?
-Sí.
-Ah, ya. Y, ¿de dónde vienes, Ricky?
-Pues de Alf… -rayos- emania.
-¿Alfemania? ¿No querrás decir Alemania?
-Lo que sea -le digo finalmente, decidido a llevar a cabo mi plan-. ¡Guau, mira! -exclamo entonces, apuntando hacia el techo-. ¡Un chinchilejo!
-¿¿Qué?? ¡¿Dónde?! -pregunta ella, girando el cuello hacia arriba.
Y yo aprovecho el momento. De un solo movimiento me libero de la sábana, tomo un respiro a manera de darme fuerzas, y así, en el momento exacto en que pretendo impulsarme hacia afuera, me veo detenido por un dolor terrible en el tobillo izquierdo.
-¡Yawanaaa! -grito de dolor, a lo que Fátima vuelve a girar el rostro hacia mí.
-¿¿Qué pasó?? -me pregunta-. ¿¿Estás bien??
-¡Mi tobillo! -le digo enseguida-. ¡¿Qué le has hecho a mi tobillo?!
-Oye, yo no te hice nada -me dice con cierta indignación-. Eso te lo hiciste solo, cuando te caíste. Lo único que hemos hecho yo y Ramoncho es tratar de ayudarte. Incluso te hicimos una tablilla, con ramas y vendas hechas de hojas de plátano.
Levantando la sábana le doy un vistazo al asunto. En efecto, mi pierna se encuentra recubierta con muchas ramas y hojas. Un buen trabajo, sobretodo para una especie tan subdesarrollada.
-Gracias -le digo.
Momento.
¿Gracias?
¿¿Acabo de darle las gracias a un ser humano??
Capítulo 8
“Probablemente los terrícolas no disfrutan comiéndose presas que tienen los huesos rotos”, pienso para mis adentros. “Sí, con seguridad se trata de eso, y cuando me recupere, me comerá”.
-¿No tienes a nadie a quien llamar? -me pregunta de pronto Fátima-. Puedo prestarte mi celular, si quieres.
-¿Celular?
-Claro: celular. No creas que por ser de la selva y vivir en una choza de madera no tengo celular. También tenemos televisor, reproductor de DVD con Blu-ray, e incluso Internet con Netflix.
¿De qué rayos habla esta mujer? ¿Brujería? ¿Invenciones tecnológicas?
-Ver para creer -convengo decirle, y ella, elevando nuevamente una ceja, sale hecha un meteoro a través de la puerta de la habitación.
Al otro lado de la puerta, mis ojos se topan con el resto de la casa. Una estructura similar a la de este cuarto, pero con otro tipo de muebles: una mesa redonda con tres sillas, una especie de barbárica cocina de barro, algo que parece ser un sofá, y un cuadrado negro y no del todo grande, que tiene una pantalla de cristal y uno que otro botón sobre su superficie. Me pregunto qué será.
Al regresar, Fátima me muestra un aparato negro y mucho más pequeño, cuya superficie también tiene un cristal.
-No es el último modelo -me dice-, pero sirve para hacer llamadas y escuchar música.
-¿Reguetón? -le pregunto temeroso.
-Si quieres, aunque a mí me gusta más la salsa y el merengue.
-Ustedes solo piensan en comida, ¿verdad?
-¿Perdón?
-Claro. Te pregunto por la música que escuchan en tu pla… que diga, pueblo, y tú me respondes que lo que a ti te gusta es la salsa y el merengue.
Nuevamente con la ceja elevada, Fátima me responde que eso se debe a que la salsa y el merengue también son tipos de música.
-¿Acaso en Alfemania no escuchan salsa y merengue?
-Alemania -le corrijo.
Fátima me observa un largo rato, y luego se sienta a mi costado. Acto seguido aprieta un botón en su famoso celular, y la pantalla se enciende de inmediato. Debo admitir que estoy sorprendido por esta tecnología.
-Para que veas a lo que me refiero -dice Fátima-, esta salsa es de una de mis cantantes favoritas: Celia Cruz.
Fátima aprieta un botón, y en seguida se escucha una serie de instrumentos a través de los parlantes. No pasa mucho tiempo para que la tal Celia empiece a cantar. Su voz no está del todo mal, debo confesar, pero la letra es lo mejor, puesto que tiene mucho de cierta: es más bello vivir cantando. Aunque no reguetón, claro.
-¿Te gustó? -me pregunta al final de la canción, y yo, que no puedo mentir en este tipo de cosas, le respondo con la cabeza que sí.
Fátima sonríe, y a continuación procede a colocar otra canción, y luego otra, y otra, y otra, y otra…
Y así pasa el tiempo, hasta que, de pronto, me doy cuenta de que he estado riéndome como una hiena con esta terrícola. ¡Por horas! Si tan solo me viera el líder del consejo galáctico… ¡qué vergüenza!
Capítulo 9
Por supuesto que la cachorra humana tenía familiares. No tardé en descubrirlo, puesto que al caer la noche se abrió la puerta de la choza, y ella salió corriendo entusiasmada hacia la sala.
-¡Papá! -escuché que le decía al recién llegado.
-¡Pequeña! -le respondió él.
Fátima no tardó en contarle a su padre todo lo que había sucedido, y yo no tardé en sacar conclusiones al respecto: “Fátima me ha traído hasta aquí, y me ha mantenido fresco para su padre”, pensé. “¡Ahora sí que me ha llegado la hora!”.
Pero nada de eso sucedió. El papá simplemente entró a la habitación donde yo me encontraba echado, se sacó el sombrero y me dijo hola.
-¿Te encuentras bien, muchacho?
-S…S…Sí -le respondí.
-¿Dónde están tus papás?
“A 41.2 billones de kilómetros de distancia”, quise responderle, pero tan solo le dije que no lo sabía, que en un momento estaba con ellos, paseando por la selva, y que al otro los había perdido.
-Entiendo -me dijo, luego se acercó a la cama, y en lugar de estrangularme con sus manos gruesas y callosas, me sobó los pelos de la cabeza; qué bien se sintió, aunque fueran pelos falsos-. No tengas miedo, muchacho, que mañana los buscaremos y encontraremos. Saldremos con los primeros rayos de luz. Y no te preocupes por tu tobillo, que Ramoncho te cargará sin problemas.
Ahora estoy aquí, esperando a que salga el sol y ver adónde me lleva esta complicada misión.
Capítulo 10
El terrícola de nombre Samuel, al igual que su hija de diez años, Fátima, no parecen querer comerme. Por el contrario, a menos que estén llevándome en secreto a un altar en el que me sacrificarán a alguno de sus dioses, todo parece indicar que su intención es realmente ayudarme.
El burro sobre el que me encuentro montado, por lo demás, parece tener un vínculo familiar con ellos. Su nombre es Ramoncho, pero le dicen Moncho, y cada cierto tiempo le pelan una banana, y luego se la entregan en la boca. Después de comer, a Moncho se le dibuja una sonrisa enorme en el rostro. ¡Qué agradable sujeto! De hecho, si no estuviera prohibido, me gustaría llevármelo en mi nave y darle un tour por la galaxia, en busca de muchos frutos similares al banano. Podría, por ejemplo, llevarlo a Gomademascar, donde llueve hacia arriba, y los humanos no existen más que en películas de ciencia ficción. Incluso podría llevarlo a Lilliput-63, donde se encuentran los frutos mas exóticos del universo, y…
-¡Selena! ¡Chayanne! -vuelve a gritar Samuel.
A propósito de Selena y Chayanne: fueron los únicos nombres que se me ocurrieron cuando Samuel me preguntó por la identidad de mis padres. Él no tuvo problemas en tragarse el cuento, pero algo en el rostro de Fátima me dijo que ella no se lo creyó del todo. A fin de cuentas, se trataba de dos de los cantantes que me había hecho escuchar el día anterior.
-¡Selena! ¡Chayanne!
Luego de un buen rato de caminar a través de la selva, Samuel me dice que no me preocupe, y que seguiremos buscando hasta encontrarlos.
-Siempre y cuando nos mantengamos en este camino, todo estará bien -asegura, lo cual inmediatamente despierta mi curiosidad.
-¿Por qué por este camino? -le pregunto, y la que responde es Fátima.
-Por los taladores ilegales -dice-. Solían ser hombres buenos, pero la pobreza los volvió malos. Ahora cortan los árboles de la selva, para poder venderlos y con eso alimentar a sus familias. Es triste, pero con el tiempo se han vuelto malos de verdad, y pueden ser muy agresivos con la gente como mi papá y yo.
Al notar la confusión en mi rostro, Samuel agrega:
-Soy el líder de una asociación que lucha por la preservación de la jungla. Verás, Ricky, los árboles no solo son el pulmón del planeta, sino que también el hogar de muchos animales e insectos. Yo entiendo que los taladores tienen familias que alimentar, pero también entiendo que son seres humanos, y que por lo mismo cuentan con la inteligencia necesaria para encontrar mejores alternativas para ganarse la vida. El planeta se muere por nuestra culpa, Ricky, y algo tenemos que hacer. En fin. ¡Selena! ¡Chayanne!
Samuel continúa gritando, mientras que Fátima se acerca lentamente hacia mí.
-No tengas miedo -me dice-, que estoy creando algo en casa, para salvar el planeta. Te prometo que, si no encontramos a tus padres hoy, antes del anochecer, te lo mostraré al regresar.
Perplejo, me quedo pensando en las palabras de Fátima. ¿Qué cosa tan interesante podría estar creando una terrícola que vive en una casa de madera, como para acabar con un problema tan grande? No tengo ni la más mínima idea, pero no puedo esperar a que anochezca, para descubrirlo.
Capítulo 11
Gracias a Diosa que no nos encontramos con ninguno de esos famosos taladores, y que hemos vuelto sanos y salvos a la cabaña.
El pueblo en el que vive Fátima es lo que aquí, en la tierra, se conoce mayormente como tribu: un grupo de casitas acomodadas alrededor de un espacio no del todo grande, en medio de la selva. A diferencia de lo que había visto en mi bitácora espacial, las personas acá no usan plástico, ni contaminan el aire con grandes motores. Más allá de eso, la forma en que me han recibido los pobladores, aún cuando mi disfraz de humano sea muy distinto a ellos, ha sido muy amigable. Todo es tan armonioso en este lugar, que por momentos me pregunto si es que he aterrizado en el planeta correcto.
Luego de presentarme a todos en la tribu, Samuel se despide y se mete a su casa. Fátima, por otro lado, me dice lo que había estado aguardando por horas:
-Entonces, ¿quieres ver lo que he hecho?
Sin demora le respondo que sí, descubriendo en el proceso que me encuentro entusiasmado, y uno diría que hasta contento. No entiendo lo que me pasa.
Para mi sorpresa, cuando Fátima tira de la correa de Moncho no lo hace en dirección a su casa, sino hacia la parte posterior de la misma. Al cabo de unos segundos logro ver, entre la oscuridad de la noche, una suerte de cobertizo, cuyo tamaño debe de rondar entres los 4 x 5 metros. Al llegar, Fatima me tiende una mano y me ayuda a bajar de las espaldas del buen Ramoncho.
-Aquí vengo cuando quiero pensar y crear -me dice-. De noche, claro, porque ya has visto el calor que hace de día. ¿Vamos?
Cogiéndome de un brazo, me dice que puedo apoyarme en ella todo lo que necesite, con tal de que no me duela el tobillo al caminar. Dándole las gracias, caminamos hacia el cobertizo. Al llegar, Fátima abre la puerta, introduce una mano a tientas a través de ella, en busca del interruptor de la luz, y al encontrarlo lo aplasta.
Y es entonces, al encenderse la luz, cuando lo veo.
El laboratorio científico de Fátima.
-No es gran cosa -me dice-, pero funciona.
No es, en efecto, gran cosa. Se trata de un laboratorio rudimentario y en penoso estado de conservación. Hay, por ejemplo, muchos tubos de ensayo que se encuentran resquebrajados, mecheros oxidados, y el computador con el que trabaja parece más bien de juguete, puesto que es grande y aparatoso, como los que habían en Alfa Centauri hace mas de 5 mil años.
Y con todo, es maravilloso: una pequeña terrícola buscando usar la ser ciencia para salvar su planeta.
Capítulo 12
Todos duermen. Yo, por mi parte, no puedo dejar de pensar en las cosas que he aprendido hoy, y en el mensaje terrible que acaba de llegar a mi sistema de intercomunicación neural, es decir, a mi celular mental.
Luego de contarme todo acerca del experimento en el que estaba trabajando (una fórmula secreta para hacer que los árboles crezcan más rápido, y así poder reforestar rápidamente la jungla), Fátima procedió a enseñarme videos en su celular, en un canal llamado YouTube.
-Mira -me dijo-. No soy solo yo. Hay muchísima gente más que está tratando de hacer cosas para salvar el planeta. Este chico holandés, por ejemplo, ha creado un sistema para limpiar de plástico el océano.
Fátima le puso a play, y el video empezó a correr. El chico en cuestión tenía tan solo 19 años cuando creo aquel sistema para empezar a limpiar de plástico el océano. La historia me gustó mucho, y no tardé en hacérselo saber a Fátima.
-Eso no es todo -me dijo al instante-. Mira a estas personas -me mostró su celular, en donde pude ver una foto donde aparecían pequeños barcos parados en medio del mar, en frente de un enorme barco pesquero; dentro de los pequeños barcos había gente, y todos ellos cargaban carteles que pedían que por favor se detuviera la caza de ballenas-. No todos tienen que ser científicos, como el chico holandés, para poder ayudar. Esta gente que ves acá hacen lo que pueden. Muchos solo hacemos lo que podemos. Mira a estos chicos, por ejemplo…
Fátima me enseñó tantos casos de terrícolas que querían salvar el planeta, que de inmediato supe que no todo lo que había aprendido sobre los seres humanos era cierto. No todos son tontos, malos, intolerantes, envidiosos, y mezquinos. Todos son bastante deformes, eso sí es cierto, pero, en todo lo demás, había gente como Fátima y su padre, como los aldeanos de su tribu, y también como todas esas cientos de miles de personas que pude ver queriendo hacer el bien.
Lamentablemente…
¡Lamentablemente el mensaje que me acaba de llegar es de parte del Consejo Galáctico, en el cual me dicen que la ayuda está en camino, y que a más tardar llegará el día de mañana!
“Mensaje Nº1: Rescate y Exterminio
Agente RCK-35.
La ayuda llegará en menos de 24 horas.
No solo arreglaremos su nave,
sino que también le ayudaremos a EXTERMINAR a la raza humana.
Prepárese.
C.I”
No sé qué hacer, Diosa mía, pero hay algo que me queda muy claro: ¡no puedo permitir que mis compañeros exterminen a la raza humana!
Capítulo 13
Son las 5:35 de la mañana.
Siendo domingo, Fátima no tiene clases en la escuela. Por este motivo, ella y su papá me han prometido que saldremos nuevamente en búsqueda de mis supuestos padres, luego de tomar el desayuno a las 07:00. Desafortunadamente, a pesar de lo mucho que disfruté del desayuno de ayer, frutas con cereales y miel de chancaca (o algo así), el día de hoy no tengo tiempo para perder con eso. ¡Debo confesarle todo a Fátima, y luego intentar detener a mis compañeros!
Gracias a mi fortísimo sistema inmune centuriano, los huesos de mi tobillo se han recuperado por completo. Por este motivo no encuentro dificultad alguna para salir de la cama y ponerme de pie.
“Dormiré en el sofá de la sala, frente al televisor”, me dijo Fátima, antes de despedirse anoche de mí. “Si necesitas algo solo llámame, y yo vendré a ver qué pasa”.
Debido a que evitar el exterminio entero de su raza califica como algo, he decidido tomar en serio la propuesta de Fátima, y despertarla, aun cuando todavía no haya salido el sol. Sin nada más que pensar, tomo un profundo respiro y…
“Mensaje Nº2: Rescate y Exterminio
Agente RCK-35.
La Agente Triple-E de nombre RNE-48 acaba de ingresar al Sistema Solar.
Su velocidad ronda los 17.5 Quarks.
Hora de llegada aproximada: 07:00 A.M.
Asegúrese de estar presente en su nave.
C.I”
Oh, no…
¡Oh, no, oh, no, oh, no!
La “ayuda” llegará antes de lo que imaginé, y se trata de nada más y nada menos que de la Agente RNE-48, ¡una centuriana muy disciplinada, que no desobedecerá las órdenes del Consejo Intergaláctico por nada!
Mis intenciones eran despertar a Fátima, contarle la verdad, y pedirle que, por favor, me ayudase a preparar un video con todas las cosas buenas que tiene la humanidad. Desgraciadamente, eso no bastará para convencer a alguien como RNE de no ejecutar el plan de exterminio. Ella se centrará en los números. Comparará el nivel de destrucción con el nivel de restauración del planeta, y llegará a la conclusión de que la apuesta más segura es acabar con la humanidad.
Pero no es así.
¡Hay bondad en los humanos, y tengo que demostrárselo!
Capítulo 14
-Entonces -me dice Fátima, con sus pijamas de un personaje llamado Gokú-, ¿lo que me estás diciendo es que eres un extraterrestre llamado RCK-35 (pero que todos te dicen Rick), que vienes del planeta Alfa-Centauri, y que perteneces a los centurianos, una especie encargada de mantener el balance del universo?
-En resumen, sí -le confirmo-. Pero, claro, entendería si no puedes creerlo.
Fátima alza una ceja, como siempre que se piensa algo, y luego se dirige hacia mí.
-Por supuesto que puedo creerlo, Rick -me dice-. De hecho, ya me parecía raro que no conocieras a ningún cantante ni autor, que no hubieras visto ninguna serie ni película, que no supieras nada sobre el Principito ni sobre Gokú, y que tus dientes y garras, perdón, uñas, fueran tan largas y filosas. Eso, por no mencionar todo el asunto de Selena y Chayanne.
-Eh… Sí, bueno, lo de los dientes y uñas tiene una explicación -le digo-. Esta no es mi verdadera figura; es tan solo un disfraz de humano. Es decir, de lo que los centurianos creíamos que era un ser humano.
Fátima asiente sin decir nada, y luego me observa.
-¿Y bien? -dice finalmente.
-Y bien, ¿qué?
-¿Cómo que qué? ¿Acaso no piensas mostrarme tu verdadera figura?
-No lo sé, Fa… Puede ser muy traumático para ti.
-¿Más traumático que un Consejo Intergaláctico que quiere exterminar a toda mi especie? Lo dudo. Así que venga, va.
-¿Segura?
-Segurísima.
Asintiendo, procedo a sacarme la piel de humano. Lo hago lentamente, para que la pobre Fátima no se lleve una impresión. Para mi sorpresa, cuando acabo de sacarme el disfraz, ella me mira y sonríe.
-Somos muy parecidos -dice-. Tu cabeza es un poco gigantesca, es verdad, pero, por lo demás, aparte de que eres verde, y que no tienes pelos, y que tus uñas son amarillas…
-Doradas.
-Bueno, doradas. Aparte de esas pequeñas cosas, somos bastante iguales, ¿no lo crees?
Sí que lo creía, así que no tardé en hacérselo saber.
-Y no solo somos físicamente parecidos -aprovecho para agregar-. También somos muy parecidos acá -me apunto a la sien con un dedo-, y acá -me apunto el pecho.
Ella me observa detenidamente.
-¿Tengo que suponer que ahí está tu corazón? -me dice a modo de broma, y luego los dos estallamos en carcajadas.
Al cabo de unos segundos, sin embargo, el rostro de Fátima se enseria.
-En fin -dice-. Son casi las seis de la mañana, así que nos queda poco más de una hora para salvar a la humanidad.
-Pero…
-No te preocupes, que tengo un plan.
Capítulo 15
Son las 06:59 de la mañana.
Fátima y yo nos encontramos parados en frente de mi nave espacial, observando los cielos con impaciencia. Si los cálculos del Consejo Intergaláctico han sido precisos -como siempre lo son-, la nave de RNE-48 debería de estar ingresando en la atmósfera terrestre en cualquier momento del próximo minuto. No puedo evitar pensar en los sucesos de la hora pasada…
-No te preocupes, que tengo un plan -me había dicho Fátima.
-¿Un plan? Pero, ¿cuál?
-Dijiste que tienes un traductor universal, ¿verdad?
-Sí.
-Excelente.
Acto seguido, Fátima procedió a susurrarme al oído el plan más descabellado del universo. Un plan que giraba en torno a nada más y a nada menos que al buen Ramoncho.
-Moncho -me dijo-, es muy popular entre los animales. Siempre que camina por la selva, todos le saludan. A veces, incluso, parecen sonreírse con él, como si fueran viejos amigos. ¿Sabes a lo que me refiero?
Mi mueca de confusión le debe de haber resultado muy evidente, puesto que ella no tardó en explicarse.
-¡Un ser humano nunca convencerá a RNE de que no extermine a la raza humana! -dijo-. Si lo que ustedes piensan de nosotros es que somos malos, está claro que no nos creerán cuando les digamos que también podemos ser buenos. Por el contrario, pensarán que estamos mintiendo para salvar nuestros pellejos. Pero…
-¡Pero si lo dicen los otros animales de la Tierra, puede que RNE recapacite!
-¡Exacto
-¡Por eso preguntas por mi traductor universal! ¡Quieres usar el idioma de los burros, para pedirle a Ramoncho que reúna a todos sus amigos, y así puedan interceder por nosotros frente a RNE-48 y el CI!
Fátima asintió con energía, se dio media vuelta sin esperar por mí, y finalmente salió disparada hacia las afueras de la aldea. Cuando le di el alcance, ella ya se encontraba dentro del corral, parada al costado de Ramoncho. Y es aquí cuando empieza la parte más extraña y al mismo tiempo maravillosa de esta historia.
-Dame tu aparato -me dijo Fátima, estirando una mano hacia mí.
-No es un aparato -le expliqué-. Todo lo tengo integrado en mi cerebro.
-¡Guau! ¿Con Chips? Eso sí que es tecnología de punta. En todo caso, parece que tendrás traducirle a Ramoncho todo lo que yo te diga.
En ese momento el burro rebuznó, luego rebuznó una vez más, y finalmente rebuznó larga y tendidamente.
-No me lo vas a creer -le dije entonces a Fátima-, pero Ramoncho me acaba de decir que no es necesario que le traduzca nada, puesto que él entiende todo lo que tú le dices. Más allá de eso, también me ha dicho que, gracias a sus enormes orejotas, ha podido escuchar todo lo que tú y yo hemos conversado dentro de la casa, y que no dudes en contar con su ayuda.
-Dile a mi Fátima que Ramoncho Moncho se encargará de todo -me dijo finalmente el burro, se dio media vuelta y se fue dando de brincos hacia la selva.
Y ahora estamos aquí, viendo cómo la nave de RNE-48 finalmente ingresa a la atmósfera y se dirige hacia nosotros. Desgraciadamente, ningún animal ha llegado todavía. Al parecer, pienso para mis adentros, los animales también quieren que el ser humano desaparezca.
Capítulo 16
Ni bien desciende de su nave, la formidable y disciplinada agente se dirige directamente hacia nosotros.
-¿¿Se puede saber qué está pasando acá, RCK-35?? -me pregunta-. ¿Por qué no llevas puesto tu disfraz, y qué se supone que haces con esta cachorra humana? -la observa de pies a cabeza-. ¿Dónde están sus dientes puntiagudos y sus uñas filosas? ¿¿Y su pelaje?? No me digas que la has afeitado, RCK-35. ¿Has sido tú quien le ha cortado las uñas? ¿Acaso estás domesticándola?
-Nada de eso, RNE-45 -le digo, tratando de tranquilizarla-. Tienes que escucharme. Hay mucho que discutir.
-¿Discutir? ¿Acaso no has leído las órdenes del Consejo Intergaláctico? Lo único que tenemos que discutir es la manera en que arreglaremos tu nave, y el arma que utilizaremos para exterminar a los seres humanos?
-No lo haga, por favor -le dice de pronto Fátima-. Los seres humanos somos culpables de todo lo que se nos acusa, pero también somos…
-¿Buenos? -RNE-45 completa la frase-. ¡Si supieras cuantas veces he escuchado esa patética excusa!
Dicho aquello, la decidida agente se lleva una mano al cinto, aprieta uno de los tantos botones que le rodean, y un cañón láser se aparece entre sus manos como por arte de magia.
-¡Tú serás la primera! -le dice apuntándole al pecho, cuando de repente, el garrido estridente de un guacamayo cruza el viento y nos lleva a todos a elevar la mirada hacia el cielo.
Entre las nubes, cientos… No. Miles de aves de todos los colores vuelan en círculos sobre nosotros.
-¿Qué rayos está sucediendo aquí? -pregunta RNE-45, volviendo la mirada hacia mí-. ¡No importa! -exclama, y así, en el preciso instante en que su dedo empieza a presionar el disparador de su cañón, el mismo guacamayo vuelve con su garrido, desciende desde los aires en caída libre, le roba el arma a RNE-45, y finalmente me la lanza a mí.
-¡Traidor! -exclama RNE.
-¡No! -le responde Fátima-. ¡Rick no es un traidor! ¡Él solo quiere ayudarnos!
-Y eso, querida, en la sociedad de la que yo vengo, califica como traición.
Fátima hace una mueca, me quita el arma de mis manos, y luego se la arroja a los pies de RNE-45.
-Entonces -le dice-, lamento decirle que esa sociedad de la que usted viene, señorita RNE-45, es tan mala como la nuestra.
Silencio.
RNE observa el arma frente a sus pies, y luego a las aves que vuelan con locura sobre nuestras cabezas.
-¿Qué rayos está pasando aquí, RCK-35?
Aprovechando el momento, me adelanto hacia mi compañera, y le digo:
-Por favor, déjame explicarte.
Capítulo 17
-¿Cómo sé que todo lo que me has contado es cierto? -me pregunta RNE, luego de contarle a detalle mis descubrimientos-. ¿Cómo sé que esta cachorra humana no te ha hipnotizado, haciéndote decir todas esas cosas, para salvarse de su destino? ¿Cómo sé que esa humana es realmente buena?
-Porque esa humana -empieza diciendo una voz muy familiar, desde la lejanía-, es MI humana.
Y no es sino hasta girar el rostro en que los veo.
El grupo de animales terrestres más colorido y maravilloso que jamás en mi vida pensé que llegaría a ver. Jaguares, monos, serpientes, osos, jabalíes, ratones, perros y gatos, y, por supuesto, burros. Todos caminando hacia nosotros, gruñendo, ladrando, maullando y piando. Mi corazón centuriano nunca se había emocionado tanto.
-Era… cierto -dice la agente.
-Por supuesto que era cierto -le digo, al tiempo que los animales empiezan a colocarse uno a uno detrás nuestro.
-Ustedes -les dice-. ¿Por qué defienden a esta especie que los maltrata, que los deja sin hogar y que los esclaviza?
Esta vez no fue el burro, sino el jaguar quien tomó la palabra.
-Hace dos días un humano atrapó a mi hijo en una jaula.
-¿Ya ves? -dice RNE-45-. ¡Son malvados!
-Ehm… todavía no terminado mi historia, señorita -dijo el jaguar-. Como le iba diciendo, hace dos días un humano atrapó a mi hijo en una jaula, pero el día de ayer otro humano lo liberó.
-Y hace un año y medio -se apuró en decir el mismo guacamayo de hace un momento-, tuve un terrible accidente que me rompió las dos alas. Usted no me lo creerá, pero un ser humano me encontró tirado en el suelo, me cogió entre sus manos, me llevó a casa, y me atendió con comida y medicina, hasta que finalmente pude volver a volar.
-A mí estaban a punto de cortarme el pescuezo, cuando un grupo de activistas veganos me liberó de mi jaula -dijo un pato.
-En resumen -añadió Ramoncho-, los seres humanos tienen muchos defectos, pero también muchas virtudes. A mí, por ejemplo, me dieron una casa cuando no tenía a nadie más, y eso es algo que nunca olvidaré. Verá, señorita RNE-cuarenta y tantos, yo no soy ningún genio, de hecho, soy un burro hecho y derecho, pero si me lo pregunta, la luz siempre acaba desterrando a la oscuridad.
-Sí -dijeron los demás animales en coro, a lo que yo no perdí la oportunidad para decir algo que hacía tiempo venía rondándome la cabeza.
-Recuerda RNE-45, que nosotros, los centurianos, también tuvimos un pasado similar. Casi acabamos con toda la vida en nuestro planeta, y si alguien nos hubiera exterminado en ese momento, no hubiéramos llegado a ser la especie que somos ahora. Tan solo tenemos que darles la oportunidad para corregir sus errores.
RNE-45 me observa seria, y luego gira el rostro hacia Fátima.
-No puedo negar que lo que dicen los animales, e incluso RCK-35, es muy convincente. Solo tengo una pregunta: ¿es verdad que estás creando una fórmula para reforestar tu planeta?
-Sí, señorita RNE-45.
-Bien -dice, bajando la mirada pensativa-. Tengo una idea
-¿Qué idea, señorita RNE-45?
-Puedes llamarme Renée.
-Qué lindo nombre.
-Gracias.
La curiosidad me lleva a dar un paso adelante.
-¿Cuál es la idea, Renée?
-¿Perdón? ¿Renée? Nadie ha dicho que tú me puedes llamar así, RCK-35. ¡Qué son esas confianzas!
-Yo… Lo… Lo siento.
-No lo hagas, y escríbele lo siguiente al Consejo Intergaláctico:
“La especie humana, del planeta tierra, a pedido de sus propios habitantes, entre ellos un burro muy simpático llamado Ramoncho, recibirá un perdón provisional. El perdón provisional será otorgado por un período de 20 años, y se convertirá en un perdón total si la niña de nombre Fátima logra reforestar todas las selvas y bosques de su planeta.
Firma: RNE-45/RCK-35”.
-No tengo más que decir -sentencia RNE, dándose media vuelta en dirección a su nave.
-¡Pero! -le dice Fátima, de lejos-. ¿Qué pasa si fallo, Renée?
RNE- 45 se detiene de pronto, nos mira de perfil y dice:
-No me preocuparía tanto. Tendrás un buen guía: el conductor de aeronaves más temeroso del universo, triple cinturón negro en Fu Manchú, múltiples veces campeón intergaláctico de Tap, un matemático empedernido y, por supuesto, el segundo mejor Agente triple-E del universo.
-¿¿El segundo?? -le digo-. Y, ¡momento! ¿¿Estás diciendo lo que pienso que estás diciendo??
-Por supuesto -dice Renée-. Primero, porque dos cabezas funcionan mejor que una. Incluso si es una cabeza dura, como la tuya. Segundo, porque se ve que has hecho buenos amigos, y tengo la sospecha de que ese oso de anteojos que te lame la cara se pondrá muy triste si te vas. Y por último, tu nave espacial sigue arruinada, y yo no pienso repararla. Ahora sí, adiós, y buena suerte.
RNE-45 se introduce dentro de su nave, enciende los motores, y al cabo de unos instantes despega y desaparece sin dejar rastro.
Dándome media vuelta observo a todos los nuevos amigos que he hecho, y me doy cuenta de que, aunque ahora tengo la enorme responsabilidad de ayudar a cuidar este planeta, no estoy solo. Nunca estaré solo, mientras tenga a personas como Ramoncho y Fátima a mi lado.
Cogiéndome de la mano, Fátima me dice, ¿vamos?, y luego agrega:
-Es hora de poner manos a la obra.
FIN



0 comments
Log in or join for Free to comment