Diseño

Cómo el diseño de postales puso color a los EEUU de los años 30

Seguro que las has visto muchas veces: su influencia en la cultura popular es innegable. Descubre sus orígenes y los posibles motivos de su popularización

Desde finales del siglo XIX, EEUU ha utilizado la estética para modular la idea que otros países tienen de ellos. Con la fotografía, el cine o las prácticas publicitarias, han construido una imagen idealizada que en muchas ocasiones no se corresponde con la realidad, hasta el punto de haber generado un fenómeno muy interesante: existen dos EEUU, los reales y los que todos tenemos en la imaginación.

En esta construcción de una imagen idealizada jugaron un papel clave las llamadas big letter postcards: postales turísticas que hacen referencia a ciudades, pueblos, parques nacionales, reservas naturales... y que se podían adquirir a bajo precio para ser enviadas a familiares o amigos. Aunque tuvieron su auge entre los treinta y los cuarenta, su diseño de colores vivos y fotografías idílicas sin duda ha influido en la cultura visual en décadas posteriores.

El origen de las postales

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El envío de postales con imágenes en una de las caras empezó a popularizarse en EEUU a principios del siglo XX, cuando el gobierno del país permitió que cualquier fabricante expendiese sus propios diseños (previamente, prácticamente todas las postales estaban impresas por el estado) y bajó el precio de envío de las postales. Esto propició un boom de este formato y una experimentación con el diseño que iría demarcando poco a poco distintos tipos de postal: de paisajes, de retrato, cómicas, con ilustraciones...

En 1910, enviar y coleccionar postales ya era un hobby habitual en muchos países europeos y en EEUU; de entre todos los fabricantes destacaban los alemanes, por sus innovadoras técnicas y su cuidado en la impresión. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial dio al traste con su industria, y los estadounidenses tomaron el relevo como país del mundo con más producción de postales.

Curt Teich, el pionero

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A lo largo de las primeras tres décadas del siglo XX, un emprendedor de origen alemán llamado Curt Teich convirtió su imprenta en una de las mayores fuerzas del mercado de las postales estadounidense. Teich, que había llegado a EEUU con 18 años en 1895, implantó un nuevo método de impresión offset con placas de zinc en 1910, lo que le avanzó en cuanto a velocidad con respecto a todos sus competidores.

La calidad de sus imágenes ya era otra cosa: a Teich lo que le interesaba no era tanto el cuidado fotográfico o el realismo, sino producir rápida y eficazmente. Así que empezó a usar colores vivos y exagerados, con pocos matices, que facilitasen el proceso de impresión. Con el tiempo, esta estética quedaría asociada a las large letter postcards.

Aunque Teich llevaba años produciendo este tipo de postales, tras importar la idea de una visita a Alemania, fue solo cuando introdujo dos cambios fundamentales que empezaron a popularizarse de verdad.

Cómo triunfar fabricando postales

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La textura

A finales de los años veinte, Teich introdujo los tonos exagerados y brillantes que hemos mencionado más arriba. El problema es que no quedaban bien en el tipo de papel que había usado hasta el momento, y Teich tuvo que pensar en una alternativa.

La solución fue el papel con textura "de lienzo", con pequeñas protuberancias, lo que aceleraba el secado de la tinta con la que Teich imprimía sus postales. Un efecto secundario fue que ahora estas parecían pequeños cuadros al óleo, lo cual las situó un escalón por encima de las de la competencia, más sencillas. Con el tiempo, todos los competidores copiarían a Teich.

La distancia

Cuando se empezaron a popularizar las large letter postcards se exageró todavía más la tendencia de Teich a lo irreal, básicamente por un motivo práctico: las imágenes de sus postales eran fotografías coloreadas a mano, y los aproximadamente 20 artistas que trabajaban en su fábrica no habían estado en su vida en los lugares que tenían que colorear. Así que se inventaban los colores.

En este sentido, una fuerza sin la cual tal vez Teich no habría alcanzado el éxito fue su agente de ventas G.I. Pitchford, el hombre que se encargaba de viajar por EEUU convenciendo a la gente de todo el país de que contratasen los servicios de Teich e inmortalizasen su ciudad o pueblo en una de sus postales. Pitchford, además de convencer a gente, era fotógrafo; de hecho, las fotos que luego coloreaban en la fábrica las sacaba él mismo en muchas ocasiones.

Creando otro mundo

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La combinación de inteligencia comercial, estética visualmente atractiva y material de impresión con el que diferenciarse hizo que las postales de Teich se popularizasen enormemente entre los años 30 y 40, pero con la llegada y difusión de la televisión y las cada vez mayores facilidades de viaje y comunicación, fueron perdiendo su magia.

Para los 50, las cosas empezaron a ir peor, y la fábrica cerró en 1978. Hoy en día enviamos fotografías y vídeos de nuestras vacaciones de manera instantánea a lo largo y ancho del planeta, pero por entonces la única opción era la que tan inteligentemente Teich consiguió diseñar. Fue un pionero del diseño gráfico popular estadounidense, y cada vez que vemos sus postales, no podemos evitar pensar en ese EEUU que en realidad nunca existió.

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